Preocupación y malestar en Calp: denuncian ante la Guardia Civil el «mal estado» de las prefabricadas del CEIP Oltà
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Preocupación y malestar en Calp: denuncian ante la Guardia Civil el «mal estado» de las prefabricadas del CEIP Oltà

Itsaso Aurrekoetxea Jover

Periodista
06 de febrero de 2026 - 15:14

El 7 de enero de 2026 abrieron las puertas de las aulas provisionales del CEIP Oltà de Calp en la partida Gargasindi a unos 400 alumnos de Infantil y Primaria. El centro se ubica detrás de la escuela infantil Silene d’Ifac, junto a los módulos, también temporales, del IES Les Salines, los cuales entraron en funcionamiento al inicio del curso 2025-2026, en septiembre.

Dos semanas después de la apertura del colegio, la Guardia Civil ha recibido unas denuncias que señalan diversas problemáticas en el recinto del colegio, así como en su entorno más próximo. Los escritos a los que ha tenido acceso esta redacción recogen que el CEIP se encuentra «inacabado», con los inconvenientes que esto puede ocasionar a un centro en funcionamiento dirigido a menores.

Indican «restos de obras, suciedad o herramientas sueltas», así como la existencia de zonas que «no se encuentran debidamente habilitadas ni seguras para la enseñanza», señalando que hay trabajadores encargados de las obras en el recinto «mientras los alumnos reciben clase». También se llega a especificar que el patio del colegio es de «alquitrán» o «asfaltado», considerándose de «muy malas condiciones para su uso docente», con muy pocas mesas o sillas en el recreo donde poder almorzar y no tener que hacerlo en el suelo.

Sobre los módulos prefabricados, las denuncias señalan que algunas zonas están «incompletas» o con «deficiencias», como la falta de aislamiento de los módulos, lo que provoca la filtración de agua, en caso de lluvia, o que algunos paneles de los módulos se han descolgado durante las dos semanas de funcionamiento que había tenido el centro en el momento de las denuncias. Cabe señalar que los episodios de fuertes vientos vividos las últimas semanas en toda la zona del municipio y, en general, en la Marina Alta, pueden haber agravado los hechos descritos.

El exterior del recinto del centro también ha sido motivo de cita en los escritos, como las «papeleras llenas, sin vaciar desde hace dos semanas». Las denuncias alegan preocupación por si el estado de las instalaciones pueda provocar daños físicos, sobre todo, a los menores usuarios del centro educativo calpino. Según las denuncias, no consta que algún menor haya resultado herido hasta el momento como consecuencia de todas las condiciones citadas.

Las denuncias finalizan asegurando que todo ello ha sido puesto en conocimiento tanto de la dirección del centro como a la concejalía de Educación de Calp, quienes han indicado que la competencia es de la Conselleria de la Generalitat Valenciana. En referencia a la comunicación con el órgano autonómico, se especifica que los denunciantes han seguido el proceso para expresar todo su malestar de forma directa, sin embargo, siguen sin respuesta de la administración autonómica.

Todo el contenido también ha sido presentado al Ayuntamiento de Calp mediante un registro de entrada, para poner en conocimiento de la administración municipal tanto «el mal estado del nuevo Colegio Oltá y el IES Les Salines» como la denuncia interpuesta en la comisaria de la Guardia Civil.

Preocupación por la situación

En sintonía con el contenido de las denuncias, algunas familias del alumnado del CEIP Oltà de Calp han contactado con LaMarinaAlta.com para expresar un «profundo malestar y preocupación» por la situación, considerando muchos padres que con la premura del traslado se ha «politizado la seguridad de los niños», haciendo referencia a las elecciones que llegarán en 2027. Respaldando los hechos descritos, los progenitores evidencian que las instalaciones del CEIP Oltá presentan ya varios desperfectos a tan solo un mes de su apertura, sobre todo en el exterior de los módulos.

En este aspecto, señalan chapas del exterior arrancadas por el viento, instalaciones, como aires acondicionados, que ya se han caído y otros desperfectos agravados por los temporales. «El acabado de las instalaciones no es seguro, muchos remates entre módulos no se encuentran, y eso provoca que el aislamiento no sea el debido», afirman. Además, señalan los agujeros en el hormigón que sujeta el vallado del recinto como «peligrosos», «porque fácilmente los niños pueden meter los dedos».

También se han pronunciado sobre el estado dentro del recinto del IES Les Salines, donde se acopia gran cantidad de material de la empresa contratada por Conselleria para la construcción de las prefabricadas. Las imágenes aportadas atestiguan que no existe delimitación física y segura entre la zona de acopio de todo el material constructivo y la zona de entrada de los jóvenes y que hay presencia de maquinaria también dentro del recinto del instituto. En esta ubicación, se aprecian también restos de viruta metálica, así como tornillos y otros restos de obras sin limpiar.

Por otro lado, el IES alberga un generador de energía, el cual ya no alimenta al instituto, pero sí al CEIP Oltá. Algunos testigos indican haber visto que se manipulaba el bidón y la gasolina necesarios para el funcionamiento «mientras el generador está en marcha, con el peligro que eso conlleva». Indican, además, que el cableado no parece estar todo lo bien resguardado que debería. En este sentido, algunos padres también se han mostrado preocupados, ya que «si alguien quiere hacer daño a la zona, además rodeada de naturaleza muerta, puede acceder fácilmente y provocar algún accidente con el bidón de gasolina».

El entorno de los centros también ha sido motivo de malestar. «Está ubicado junto a un barranco, en una zona donde se recoge toda el agua de la lluvia y donde los pinos secos pueden suponer un peligro en un día de viento muy agresivo. Por las características del entorno, llegar al colegio en un día de lluvia desde la avenida Felipe VI es un despropósito», señalan.

La respuesta del Ayuntamiento a las quejas de los padres

Pese a asegurar haber hablado directamente con los responsables del Ayuntamiento y el área educativa de Calp, los padres afirman no sentirse satisfechos con sus respuestas. Además, dicen sentirse contrariados también con el AMPA del colegio, «porque a nosotros nos afirman que opinan que el centro no está en condiciones, pero después dicen otra cosa».

Para poder ofrecer la visión del Consistorio en la problemática, la concejala de Educación, Mariola Mulet, ha accedido a responder en el presente artículo a todas las cuestiones e inquietudes planteadas por los progenitores con sus quejas y observaciones. De este modo, Mulet ha explicado a este medio cuál es la situación actual del centro provisional y qué grado de responsabilidad asume el consistorio en relación con las deficiencias señaladas.

En primer lugar, la concejala reconoce que el centro no se encuentra completamente finalizado, una circunstancia que, según indica, es conocida desde el inicio del traslado. «El centro tiene el acta de ocupación, pero no de fin de obra. Estamos trabajando conjuntamente con Conselleria. Hay cosas que todavía se están finalizando», afirma. En este sentido, subraya que los módulos prefabricados son competencia de la Conselleria de Educación, mientras que el Ayuntamiento asume las tareas de mantenimiento diario más básico, asegurando que se retira cualquier cosa que resulte peligrosa dentro de su ámbito de actuación.

Respecto a la posible existencia de elementos peligrosos, la edil sostiene que no se ha detectado ningún riesgo grave fuera de la normativa. No obstante, admite que pueden existir elementos «inseguros», lo que ha motivado la instalación de vallados en determinadas zonas. Según Mulet, «todo está dentro de la norma y con las medidas que toca, no hay nada fuera de la legalidad».

La concejala explica que las visitas al recinto son periódicas y conjuntas con la administración autonómica. «Subimos todas las semanas, de hecho, el lunes estuvimos allí con Conselleria», señala, añadiendo que el Ayuntamiento está en contacto diario tanto con los equipos directivos del CEIP Oltà como del IES Les Salines. Estas revisiones incluyen tanto el interior del recinto como las zonas exteriores, entre ellas el aparcamiento y las áreas de acopio de materiales.

Sobre los desperfectos en el exterior de las instalaciones, como chapas arrancadas o remates inexistentes, Mulet insiste en que el centro «no está acabado», aunque recalca de nuevo que cuenta con acta de ocupación, requisito imprescindible para su puesta en funcionamiento. «No tiene acta de fin de obra, que la da Conselleria, porque los módulos pertenecen a ellos», puntualiza. Según explica, el cumplimiento de las medidas de seguridad ha sido verificado, ya que «si no, no se habría otorgado el acta de ocupación».

En relación con la presencia de trabajadores, maquinaria y materiales de obra en los recintos educativos, la edil afirma que las zonas de acopio están delimitadas y no son accesibles para el alumnado. «Dentro del IES hay material, vallado y apartado. No tienen acceso los alumnos», insiste. Mulet recalca que, pese a estar en funcionamiento, el espacio sigue considerándose una obra en ejecución, lo que obliga a compatibilizar la actividad educativa con los trabajos pendientes.

Sobre la presencia de tornillos, chapas, restos metálicos o cristales, la concejala señala que, en condiciones normales, estas zonas se limpian a diario. No obstante, admite que los episodios de viento recientes pueden haber alterado la situación. «Si justo estos días, por el viento que ha hecho, hay alguno de estos objetos dentro, puede ser, no digo que no», afirma, aunque insiste en que «cuando están los niños, de normal no hay nada de eso».

En cuanto al suministro eléctrico del CEIP Oltà, Mulet confirma que actualmente el centro se alimenta mediante un generador ubicado en el recinto del IES Les Salines. «El IES sí está conectado al fluido eléctrico de Calp, el Oltà ahora mismo está con el generador», explica. Según detalla, se trata de un generador preparado para su uso exterior y con los elementos necesarios para su funcionamiento seguro. Sobre la presencia visible del bidón de gasolina y el cableado, la concejala sostiene que «un generador de esas características está pensado para el exterior y con todo lo que necesita».

Uno de los puntos que más inquietud ha generado entre las familias es el estado del patio, asfaltado en su mayor parte. Mulet explica que el Ayuntamiento ha realizado la adecuación del terreno conforme a las indicaciones de Conselleria, recordando que se trata de un centro provisional. Reconoce, sin embargo, que la zona de Infantil aún no está completamente acondicionada. «Hasta que no finalicen los trabajos más grandes del Oltà no se puede adecuar el patio», señala. Añade que los elementos de juego dependen de Conselleria y que está prevista una naturalización del entorno, con césped u otros materiales «para que no sea tan agresivo». Según indica, todo está solicitado, aunque los plazos administrativos son más lentos de lo deseado.

Respecto a la falta de sombras, mesas o zonas cubiertas para resguardarse del sol o de la lluvia, la edil asegura que estas instalaciones se replicarán en el CEIP Oltà siguiendo el modelo del IES Les Salines. «Las zonas de sombra con mesas que hay en el IES también se pondrán en el colegio», afirma, destacando que, aunque inicialmente correspondían a Conselleria, ha sido el propio Ayuntamiento quien ha asumido su instalación. Sobre los plazos, Mulet calcula que «a lo largo de este mes ya habrá muchas cosas que recibiremos», tras completar las mediciones y trámites necesarios.

En relación con el entorno natural del centro, ubicado junto a barrancos y zonas con pinos secos, la concejala asegura que se está actuando. «Se está limpiando todo el término municipal, pero el entorno del colegio se tiene muy en cuenta», afirma. Según explica, los técnicos municipales han retirado aquellos árboles considerados más peligrosos y continúan los trabajos de adecuación.

«El traslado está consensuado con todos los implicados: equipo directivo, Conselleria, Ayuntamiento y consejos escolares», asegura. En su opinión, poner en marcha un centro nuevo siempre conlleva dificultades, pero insiste en que «si no hubiésemos visto seguridad, no se hubiese hecho el traslado».

Finalmente, la concejala lanza un mensaje de tranquilidad a las familias. «Los cambios cuestan, pero todo es para mejorar», afirma, pidiendo paciencia para que las instalaciones se completen progresivamente. Defiende que el objetivo principal es la mejora educativa y el bienestar del alumnado, recordando que el anterior centro presentaba importantes limitaciones de espacio. «Los principios son duros, pero todo llega», concluye.

La postura del AMPA del CEIP Oltà de Calp

El presidente del AMPA del CEIP Oltà de Calp, Daniel Cabrera, confirma que la asociación de madres y padres tenía conocimiento tanto del malestar expresado por algunas familias como de la existencia de denuncias relacionadas con el estado de las aulas provisionales. El presidente del AMPA explica que la asociación se mantiene de manera constante pendiente de las incidencias que puedan surgir. No obstante, introduce un matiz relevante al valorar el cambio de centro como globalmente positivo. Según señala, el antiguo colegio presentaba una situación «insostenible», mientras que en las nuevas instalaciones los alumnos disponen de un entorno más amplio. «Los niños están contentos», indica, pero entiende que existan las preocupaciones planteadas por las familias.

«Solicitamos que se tomaran medidas para reforzar más las chapas y evitar peligros». Según su experiencia, cuando algún padre comunica una incidencia a la dirección del colegio, «se actúa», destacando que, habitualmente, «lo que se transmite suele atenderse de forma rápida».

En relación con la seguridad del alumnado en un recinto cuya obra no está completamente finalizada, Cabrera considera que existen garantías suficientes. «Si hay gente profesional y arquitectos firmando, garantizan que los niños pueden estar ahí», afirma, añadiendo que el equipo directivo del centro le traslada que el alumnado «está bien y adaptándose».

Sobre el mantenimiento de las zonas exteriores, como la limpieza, el aparcamiento o la retirada de restos de obra, el presidente del AMPA explica que, según la información recibida, el Ayuntamiento no puede intervenir plenamente hasta que Conselleria finalice las infraestructuras. No obstante, apunta que, pese a ello, «han intentado ir avanzando cosas».

Otro de los problemas iniciales que se tuvieron con el alumnado del CEIP fue el acceso de los autobuses escolares al recinto. Cabrera recuerda que, en un primer momento, tanto la Policía Local como las empresas de transporte consideraron peligroso subir hasta la entrada del centro, obligando a los alumnos a recorrer un tramo a pie. Tras insistencias y reuniones con Conselleria e inspección educativa, se acordó que los autobuses accedieran directamente al colegio a partir de las 08:15 horas. En este proceso, destaca el esfuerzo adicional del profesorado, que acude antes para recibir al alumnado.

Respecto a posibles incidentes graves, Cabrera afirma que no consta que ningún menor haya resultado herido por desprendimientos o materiales de obra. Sí reconoce la aparición puntual de goteras, que se están reparando, y explica que el conserje retira tornillos u objetos peligrosos cuando los detecta.

Finalmente, el presidente del AMPA define la postura oficial de la asociación como centrada exclusivamente en el bienestar del alumnado. «Queremos que los niños estén lo mejor posible», afirma, rechazando que se esté jugando o politizando la seguridad de los menores. A su juicio, el traslado era una necesidad «imperiosa», ya que el antiguo centro había superado su capacidad y había perdido espacios comunes esenciales.

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