La Marina Alta no solo sirve mesas, levanta viviendas, alquila apartamentos o recibe visitantes. También fabrica. Lo hace en polígonos discretos, en talleres familiares, en naves donde se trabaja el metal, la madera, la alimentación, la marroquinería, la confección, la química, la maquinaria o la producción agroindustrial. Una comarca asociada al turismo conserva, casi fuera del foco, un tejido productivo pequeño y poco visible, pero con una capacidad que el diagnóstico del proyecto Indústria Ocupa sitúa en el centro de una pregunta de futuro: ¿puede la industria ayudar a equilibrar una economía demasiado dependiente del turismo y la construcción?
La respuesta que deja el estudio no es triunfalista. La industria de la Marina Alta no es mayoritaria, ni siquiera se acerca al peso que tiene en otros territorios valencianos. Pero precisamente por eso el diagnóstico resulta relevante, porque muestra que la comarca dispone de una base industrial real, con empresas arraigadas, empleo más estable y necesidades laborales concretas, mientras a su alrededor crecen las amenazas de siempre: falta de suelo, transporte público insuficiente, vivienda cara, escasa FP industrial, relevo generacional complicado y una imagen social del trabajo en fábrica como un prejuicio.
El proyecto Indústria Ocupa, impulsado por CREAMA y PACTE’MA, con financiación de la Generalitat Valenciana a través de LABORA y del Ministerio de Trabajo y Economía Social, nace con una tesis clara: la industria no debe ser una alternativa secundaria, sino un estabilizador frente a la estacionalidad turística.
Una comarca atrapada en el «monocultivo» turístico
El informe utiliza una palabra incómoda para definir el modelo económico dominante: «monocultivo». No porque el turismo no sea importante, sino porque su peso condiciona casi todo lo demás. En la Marina Alta, el sector servicios concentra la mayor parte de la actividad empresarial y laboral. En el cuarto trimestre de 2025, el 75,62% de las empresas de la comarca pertenecían al sector servicios. La construcción representaba otro 17,25%. La industria, en cambio, apenas alcanzaba el 5,25% del tejido empresarial: 373 empresas industriales frente a 5.371 empresas de servicios.
El dato laboral va en la misma dirección. El diagnóstico señala que los servicios representaban el 77,5% de las afiliaciones de la comarca en el cuarto trimestre de 2025, mientras la construcción alcanzaba el 15%. La industria se quedaba en el 6,3%, muy por debajo de la media provincial, situada en el 11,6%.
Pero la foto cambia si se observa la estabilidad. Mientras el sector servicios dibuja una evolución más dependiente de la temporada turística, la industria apenas fluctúa en el número de empresas: entre el cuarto trimestre de 2024 y el cuarto trimestre de 2025 se movió entre 365 y 373 empresas. Es poca industria, pero es más constante. Y esa constancia es el argumento central del diagnóstico: en una comarca marcada por los picos y valles de la temporada, la industria ofrece empleo durante todo el año, especialización y una oportunidad de diversificación.
El mapa de la industria comarcal
La industria de la Marina Alta no está repartida de forma homogénea. Su presencia dibuja un mapa que se mueve entre la costa, la franja intermedia y algunos puntos del interior.
En términos absolutos, la zona de costa concentra el 51% de las empresas industriales de la comarca. Dénia aparece como el municipio con más empresas industriales, con 96. Le siguen Xàbia, con 37; Pedreguer, con 36; Benissa, con 35; Ondara, con 25; Calp y Pego, con 23 cada uno; Teulada, con 20; Gata de Gorgos, con 18; El Verger, con 13; Beniarbeig, con 10; y Orba y Xaló, con 6 cada uno.
La zona intermedia es la que muestra una mayor intensidad industrial. Sus empresas industriales representan el 8,70% del tejido empresarial de esa franja, por encima de la media comarcal. Pedreguer alcanza el 13,69%, Gata de Gorgos el 11,76% y Orba el 10,34%. El caso más llamativo es Beniarbeig. Aunque solo cuenta con 10 empresas industriales, estas representan el 14,93% del total de empresas del municipio, apoyadas en el área empresarial de Les Hortes.
La comarca cuenta, además, con 12 áreas empresariales que agrupan unas 585 empresas de distintos sectores sobre aproximadamente 2,37 millones de metros cuadrados. Entre ellas figuran Madrigueres en Dénia, Les Galges en Pedreguer, La Pedrera en Benissa, Pla en Xàbia, los sectores industriales de Pego, Marjals en Ondara, Hortes en Beniarbeig, el polígono de Teulada, Mosquera en Alcalalí y La Vía en El Verger.
Qué fabrica la Marina Alta
La industria comarcal no responde a un único grupo, como ocurre en otros territorios valencianos con el calzado, el textil, el juguete o la cerámica. La Marina Alta es más fragmentada. Su tejido está formado sobre todo por microempresas y pymes, muchas de carácter familiar, con un conocimiento acumulado durante décadas.
El estudio identifica actividades vinculadas a los productos metálicos, la alimentación y la madera, pero también sectores tradicionales como la marroquinería, el textil, la sombrerería o la carpintería. A ellas se suman empresas de transformación química, agroalimentaria, metalúrgica, de confección industrial o de producción sostenible.
El diagnóstico recoge entrevistas con empresas como Asevi, Bodegas Xaló, Matias Pastor, Nou Metal, Miel Montgó, Carpintería González, Costa Soler, Madibo y Sombreros Signes. No son solo nombres propios del tejido productivo, son ejemplos de una industria que combina tradición, oficio, adaptación y, en algunos casos, mercados que van mucho más allá de la comarca.
Ahí aparece una de las contradicciones. La Marina Alta tiene empresas capaces de crecer, pero no siempre tiene las condiciones para que ese crecimiento se quede aquí.
La primera alarma: hay trabajo, pero faltan trabajadores
El informe detecta una demanda clara de perfiles técnicos y operativos. Las empresas necesitan personal de mantenimiento industrial, electromecánicos, soldadores, caldereros, matriceros, programadores de PLC, operarios de maquinaria, especialistas en costura industrial, marroquinería, carpintería metálica y de madera, enología, agroindustria y oficios tradicionales.
No se trata únicamente de falta de títulos. Las empresas insisten en carencias básicas, como interpretación de planos, matemáticas aplicadas, manejo de herramientas digitales, conocimientos técnicos elementales y competencias transversales. Pero también señalan algo más difícil de medir: actitud, compromiso, puntualidad, autonomía y ganas de aprender.
Algunas empresas, según el estudio, prefieren formar desde cero si encuentran personas con disposición real. Otras están recurriendo a perfiles mayores de 45 o 50 años, procedentes en ocasiones de otros sectores, porque valoran la estabilidad horaria y muestran mayor compromiso. La industria está dispuesta a enseñar el oficio, pero no puede fabricar por sí sola el relevo generacional.
El problema se agrava en los oficios tradicionales. Sombrerería, marroquinería, carpintería o confección técnica necesitan meses de aprendizaje interno. En algunos casos, formar a una persona puede requerir entre seis y ocho meses. Si después esa persona se marcha, la inversión se pierde, y si nadie entra, el saber hacer se jubila.
La gran pregunta: ¿qué comarca quiere ser la Marina Alta?
El diagnóstico de Indústria Ocupa no dibuja una Marina Alta industrial frente a una Marina Alta turística, plantea otra cosa. Una comarca que necesita diversificar si quiere reducir vulnerabilidades. El turismo seguirá siendo motor económico. La construcción seguirá teniendo peso. Pero la pregunta es si la Marina Alta puede permitirse que su industria continúe invisible, sin suelo suficiente, sin transporte adecuado, sin vivienda accesible para trabajadores, sin FP adaptada y sin relevo generacional.
Porque lo que está en juego no es solo el futuro de unas naves. Es la capacidad de la comarca para producir, innovar, formar y retener talento. Es la posibilidad de que un joven no tenga que irse para aprender un oficio técnico. Es que una empresa familiar no cierre cuando se jubile quien sabe hacer el trabajo. Es que una compañía que crece no tenga que buscar fuera lo que no encuentra dentro.
La Marina Alta fabrica. Poco, de forma dispersa y con demasiados obstáculos. Pero fabrica. Y quizá ahí, en ese sector que casi nunca ocupa la atención, se encuentre una de las respuestas más importantes al futuro económico de la comarca.











