La arquitecta responsable de la rehabilitación del nuevo Ayuntamiento de Benissa, Reme Giner, aprovechó el acto inaugural del edificio para explicar los criterios técnicos, arquitectónicos y patrimoniales que han guiado la transformación de las antiguas Escuelas Graduadas en la nueva sede consistorial.
Su intervención permitió conocer en detalle una actuación que ha perseguido un objetivo tan ambicioso como complejo: adaptar un edificio histórico a las necesidades de una administración moderna sin renunciar a la esencia que lo ha convertido en uno de los inmuebles más reconocibles y queridos del municipio.
La explicación de Giner estuvo acompañada por un recorrido por la historia del inmueble, los desafíos constructivos encontrados durante la obra y las soluciones adoptadas para garantizar su conservación futura.
Un edificio concebido para las personas
La arquitecta recordó que las antiguas Escuelas Graduadas nacieron en la década de 1920 como una de las primeras escuelas públicas de la Marina Alta, en una época en la que la educación representaba una apuesta por el progreso y la modernidad. La construcción del edificio supuso además un importante esfuerzo colectivo. Según recordó, el propio pueblo de Benissa impulsó préstamos locales para hacer posible una infraestructura educativa que acabaría marcando a varias generaciones.
Desde su origen, explicó Giner, el inmueble fue diseñado con criterios avanzados para su tiempo, priorizando la entrada de luz natural, la ventilación, los espacios amplios y la relación con el exterior. La arquitecta resumió esa filosofía con una frase que se convirtió en una de las ideas centrales de su intervención: «Era una arquitectura pensada para las personas».
Con el paso de las décadas, el edificio fue adaptándose a nuevas funciones. Además de escuela, acogió una academia, la escuela de música y diversos usos culturales y sociales. «Probablemente eso es lo que explica que continúe tan presente dentro de la memoria colectiva de Benissa. Porque nunca ha dejado de formar parte de la vida pública del pueblo», señaló.
Una rehabilitación planteada desde la conservación y la adaptación
La arquitecta explicó que toda la intervención partió de una premisa sencilla: «Respetar la memoria del lugar y, al mismo tiempo, prepararlo para el futuro». El objetivo no era reconstruir artificialmente el pasado ni convertir el edificio en una pieza estática, sino conservar su esencia para garantizar su continuidad como espacio vivo y útil para la ciudadanía.
La actuación se desarrolló mediante un proceso progresivo de recuperación estructural que comenzó por los elementos más esenciales del inmueble. Cuando arrancaron los trabajos, uno de los principales problemas detectados era la entrada de agua a través de la cubierta. Por ello, la primera fase de la intervención consistió en la sustitución completa del tejado.
Posteriormente se reforzaron las cerchas de madera y las vigas metálicas de los forjados, mientras que en una fase posterior se actuó sobre la base del edificio mediante la ejecución de una nueva solera impermeabilizada y aislada.
La estructura histórica sigue visible en el interior
Uno de los aspectos más característicos del proyecto ha sido la voluntad de mantener visibles los principales elementos constructivos originales. La actuación ha conservado a la vista las cerchas de madera, los forjados metálicos y los muros de mampostería que forman parte de la estructura histórica del edificio.
Según explicó Giner, la intención era preservar ese esqueleto histórico y convertirlo en el soporte capaz de acoger una arquitectura contemporánea adaptada a los nuevos usos administrativos. Para ello, una vez consolidada la estructura original, se incorporaron nuevos elementos destinados a resolver las necesidades actuales de climatización, iluminación y acondicionamiento acústico.
La arquitecta explicó que estos nuevos recursos se plantearon como elementos «flotantes», capaces de integrarse en el edificio sin ocultar su identidad histórica. También se eliminaron falsos techos y divisiones interiores que ocultaban las dimensiones originales de los espacios, permitiendo recuperar la percepción de amplitud que caracterizaba al inmueble en sus primeros años de vida. «La voluntad era que, al entrar al edificio, se pudiera percibir visualmente la grandeza de los espacios originales», destacó.
Un diálogo entre patrimonio y arquitectura contemporánea
Lejos de apostar por reproducciones historicistas o soluciones que ocultaran la evolución del edificio, el proyecto ha buscado establecer una relación clara entre los elementos históricos y las nuevas incorporaciones. «Las nuevas intervenciones no intentan imitar el pasado. Dialogan con él», afirmó Giner.
Esa filosofía se aprecia en distintos puntos del inmueble, donde los nuevos elementos arquitectónicos se diferencian claramente de los originales, pero se integran respetando la lectura histórica del conjunto. La rehabilitación también ha permitido recuperar uno de los espacios más representativos del edificio: la escalera imperial original.
Al mismo tiempo, se han incorporado nuevos sistemas de accesibilidad y comunicación vertical imprescindibles para garantizar el funcionamiento del inmueble como sede administrativa moderna y plenamente accesible.
La transformación también se extiende al exterior
La actuación no se limitó al edificio. Una parte importante del proyecto se desarrolló en el espacio exterior, concretamente en el antiguo patio escolar. Durante años este ámbito fue utilizado como aparcamiento, una función que desaparece con la creación de la nueva plaza pública María Crespo Font que acompaña al Ayuntamiento.
Para Giner, la recuperación de este espacio supone volver a conectar el edificio con la ciudadanía y con la vida cotidiana del municipio. La intervención en la plaza sigue el mismo lenguaje arquitectónico empleado en el interior del inmueble.
Así, frente a la estructura histórica del edificio aparecen nuevos elementos realizados en acero corten que ayudan a organizar el espacio urbano, incorporan iluminación, generan zonas de sombra y aportan una escala más amable para los peatones. La arquitecta explicó que estas piezas tienen forma de «L» y actúan como elementos ordenadores de la plaza.
Edificio y plaza, concebidos como un único conjunto
Uno de los conceptos más repetidos durante la explicación de la arquitecta fue la idea de unidad. «La voluntad era que edificio y plaza funcionaran como un único conjunto. Conectando arquitectura, memoria y espacio urbano», afirmó.
La nueva configuración permite que el antiguo centro educativo vuelva a abrirse hacia el exterior y recupere su relación histórica con la ciudadanía.
Una rehabilitación para recuperar patrimonio y memoria urbana
Giner quiso poner el foco en la dimensión patrimonial del proyecto. La arquitecta defendió que la actuación trasciende la mera rehabilitación arquitectónica para convertirse en una recuperación de la memoria urbana de Benissa. «Este proyecto no trata únicamente de rehabilitar un edificio. Trata también de recuperar un espacio colectivo y una parte de la memoria urbana de Benissa», señaló.
«Continúa siendo, en esencia, aquello que siempre ha sido: un edificio público al servicio de las personas». Giner concluyó reconociendo el componente personal que ha tenido la intervención para ella como benissera y antigua alumna del centro. «Ha sido también una manera de retornar a Benissa una parte de su patrimonio y de su memoria», concluyó.
















































