David Gimenez, natural de Salou, se encuentra estos días recorriendo la comarca de la Marina Alta dentro de un ambicioso desafío personal: completar a pie todo el perímetro de la península ibérica, bordeando la costa de España y Portugal.
El propio protagonista explica que su objetivo es «ser de las primeras personas en documentar lo que es la vuelta a la península». La aventura comenzó el 18 de mayo, cuando salió andando desde Cataluña en dirección norte hacia el País Vasco, pasando por Pamplona. Una vez alcanzó el mar Cantábrico, recorrió toda la costa hasta Galicia, una etapa que le llevó aproximadamente 100 días.
En Galicia permaneció cerca de dos meses. «Parece que no, pero Galicia es la comunidad autónoma con más costa de España. Andalucía, que es gigantesca, tiene 900 kilómetros; Galicia tiene 1.500 km», subraya. Posteriormente cruzó a Portugal, país que recorrió de norte a sur en 43 días, antes de continuar por Andalucía y Murcia. Hace aproximadamente dos semanas entró en la provincia de Alicante, y ahora avanza por la Marina Alta.
En el momento de la entrevista, asegura haber recorrido ya cerca de 6.000 kilómetros.
Un cambio de vida que lo llevó a caminar
El origen del reto no es únicamente deportivo. David explica que todo comenzó tras un proceso personal de transformación. Durante once años trabajó en el mundo de la noche, una etapa que decidió abandonar de forma radical. «De un día para otro me fui a vivir a Australia», relata.
Allí pasó un año, además de 60 días en Indonesia, viajando con su mochila y pocos recursos. Esa experiencia le permitió reconectar con la naturaleza, el deporte y consigo mismo. «Me di cuenta de que era lo que me hacía feliz», afirma.
Tres semanas antes de iniciar la travesía por la península, tomó la decisión definitiva. Quería conocer España andando por toda la costa, estar conectado a la naturaleza, afrontar «un reto histórico» y comprobar hasta dónde era capaz de llegar. «Me entró la aventura», resume.
Charly, la tienda y una vida con lo puesto
David realiza el recorrido acompañado de un carro al que ha bautizado como Charly. «Es mi amigo», comenta. En él transporta la tienda de campaña, un hornillo, el saco de dormir y el material imprescindible para vivir a la intemperie.
Su equipaje es mínimo: «Dos pantalones, dos camisetas y las bambas puestas y poco más». Duerme habitualmente en tienda de campaña, salvo cuando el clima lo impide o algún seguidor le ofrece alojamiento.
El día a día lo organiza sobre la marcha. No utiliza GPS ni establece horarios fijos. «Es la ruta costera. Yo siempre tengo que estar pegado al mar», explica. Camina hasta que el cansancio le obliga a parar y acampa donde encuentra un lugar adecuado. Si surge un encuentro con seguidores, puede dedicar la tarde a compartir tiempo con ellos.
Incluso adapta su ruta a actividades puntuales que le proponen. Durante su estancia en Moraira, por ejemplo, le ofrecieron realizar una actividad de buceo. «Ando, ando, ando y mañana por la mañana donde esté acampando me recogéis, hacemos el buceo y luego me dejáis en el mismo lugar», relata. Su intención es documentar también la vida marina de la zona.
Clima extremo y adaptación constante
El recorrido no está exento de dificultades. Asegura haber sufrido cuatro o cinco olas de calor durante el verano y atravesar ahora uno de los inviernos «más lluviosos, ventosos y fríos de los últimos 30 años».
Ha llegado a soportar rachas de viento muy fuertes dentro de la tienda de campaña. «Piensas que vas a salir volando», reconoce. En ocasiones se prepara con antelación buscando lugares más resguardados. Aun así, insiste en que las condiciones adversas forman parte del reto: «A mí me gusta todo lo duro, ser capaz y siempre tiro para adelante».
En la Marina Alta ha encontrado días de temperaturas inusualmente altas para febrero. En el momento de la entrevista se encontraba en la torre de vigilancia de Moraira (Torre del Cap d’Or), desde donde describía el paisaje sin camiseta: «Ahora mismo estoy tumbado en un mirador viendo el peñón y estoy regalado».
También ha tenido que lidiar con situaciones inesperadas. Recientemente, mientras acampaba, recibió la visita de la Policía Local tras la llamada de un vecino. «Fueron muy majos conmigo, me dejaron dormir y por la mañana me fui», explica. Señala que no ha tenido prácticamente problemas y que, en general, la experiencia está siendo positiva.
La hospitalidad como motor del viaje
Uno de los aspectos que más destaca es la hospitalidad de la gente. «Lo que más me ha chocado es la hospitalidad. La gente quiere que estés bien», asegura. Muchos seguidores le ofrecen alojamiento, actividades o colaboración.
Las redes sociales se han convertido en una herramienta fundamental. David documenta todo el proceso: dónde duerme, qué come, los paisajes que atraviesa y los imprevistos que surgen. Edita y publica desde el móvil, utilizando dos baterías portátiles que carga en bares mientras toma algo.
Reconoce que el reto se ha vuelto mediático y que ha conseguido numerosos seguidores. Algunas empresas le ofrecen colaboraciones o actividades a cambio de visibilidad. «Ellos graban conmigo y yo les doy una publicidad», explica.
Durante una etapa larga del viaje se impuso un límite de gasto de 10 euros diarios. Actualmente asegura que sigue sin gastar mucho dinero y que no es una persona consumista.
«La gente está viajando gracias a mí, a través de mis ojos», afirma. Considera que quienes le siguen recorren con él cada metro de costa desde sus casas.
La Marina Alta: acantilados, calas y mar
En su paso por la comarca ha recorrido ya Calpe, Benissa y Moraira, y se dirige hacia Benitatxell, Xàbia y posteriormente Dénia.
Define la costa como «impresionante», destacando la combinación de mar y montaña, los acantilados y el color del agua. Desde Moraira subraya la belleza de los miradores y la vista del Peñón de Ifach a lo lejos.
Aunque señala que los tramos visitados se parecen entre sí, recomienda especialmente las rutas junto a las calas y los acantilados, desde donde se divisan paisajes abiertos y formaciones rocosas junto al mar. También menciona su interés por visitar la Cova de les Cendres, próxima a la torre donde se encontraba durante la entrevista.
Admite que en otras zonas de la provincia, como la Vila Joiosa, no pudo grabar todo lo que deseaba debido al mal estado del mar y el viento.
Un proyecto abierto y en marcha
David avanza sin un calendario cerrado. Camina cada día en función de sus sensaciones, del clima y de los encuentros que surgen. El cansancio es constante —«la ruta es acumulativa»—, pero asegura que sus piernas responden bien y que no tiene ampollas.
«Aunque pares un día o dos, no te recuperas de 6.000 kilómetros», señala. Aun así, insiste en que la fuerza de voluntad es su principal motor.
Quienes quieran seguir su recorrido pueden hacerlo a través de su perfil de Instagram, donde documenta la travesía bajo el nombre @elretodedavid. Allí comparte cada etapa de una aventura que, paso a paso, continúa bordeando el litoral peninsular.








