La Marina Alta y su costa fueron uno de los lugares que la Sección Femenina de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS escogió para las «vacaciones» de sus militantes más jóvenes. Uno de sus emplazamientos más emblemáticos en la comarca fue el Albergue «Daniel Moleres» de Calp, que se inauguró en 1942, y dejó «postales» para la memoria como las que hoy se recuperan aquí.
Según se relata en el libro Calpe, Tierra y Alma 3, de J.L. Luri Prieto, J.A. Sala Jorro y Andrés Ortolà Tomás, el albergue se ubicaba en la «antigua Aduana de D. Pedro García Mulet (posteriormente pósito)», junto a la playa del Bol. En la actualidad allí se encuentra el edificio Caribe.
Los autores recogen en la obra una cita sobre lo que se explicaba en la época sobre estos centros: «En las estaciones preventoriales, el Frente de Juventudes vela por el fortalecimiento de la raza. La niña futura madre española ha de ser fuerte de cuerpo y espíritu».
Jackycalp Ifac, coleccionista de fotografías de Calp y cuyo archivo se emplea en el artículo, acompaña esta explicación del libro en una de sus publicaciones junto a la imagen de las actividades de gimnasia del albergue en Calp, junto al mar y con el Peñón de fondo como guinda de la postal «idílica» que se crea.
El coleccionista aporta más fotografías, como la siguiente de su archivo, que data en 1945, con una reunión de nuevo en la playa por la posible visita del Gobernador José María Paternina. Refleja la relevancia institucional del albergue, subrayando que el centro no era una actividad menor o informal, sino un engranaje observado por las autoridades.
El establecimiento del albergue en la costa de la Marina Alta se explica como la implantación territorial de un modelo diseñado para controlar, formar y encuadrar ideológicamente a la juventud femenina, integrando el ocio estival en un programa de disciplina y adoctrinamiento.
La Sección Femenina, la organización para el adoctrinamiento de las mujeres del régimen franquista
La Sección Femenina se fundó en 1934 como la rama femenina de la Falange Española. Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange, la creó y lideró hasta el final de la organización, que no llegó hasta 1977. En 1937 la Sección Femenina comenzó como la única organización femenina reconocida por el dictador Francisco Franco, aunque no tuvo un papel relevante hasta finalizar la Guerra Civil.
Hasta su consolidación, la Sección Femenina de la FET tenía una labor asistencial y propagandística, para después resultar crucial en los ámbitos educativo, social y moral con el orden, la disciplina y la religión católica como pilares. En este sentido, fue fundamental para el régimen franquista, actuando como el principal vehículo para la transmisión de sus valores a la población femenina, ya que su ideología era una extensión directa del fascismo de la Falange Española.
Constituyéndose como una institución antidemocrática, piramidal y jerarquizada, se organizaba por delegaciones provinciales y locales, pero siempre dependiendo de una autoridad masculina superior. Primero del Jefe de la Falange y posteriormente del Jefe del Movimiento, a quienes debían obediencia absoluta.
Basta decir que el objetivo de la organización no era otro que instruir un modelo de género basado en la subordinación de la mujer al hombre y su reclusión en el ámbito doméstico. Las formaban así para ser buenas patriotas, cristianas y nada más que esposas y madres. El análisis de esta organización ayuda a comprender los mecanismos de control social del franquismo y el adoctrinamiento sistemático al que fueron sometidas varias generaciones de mujeres españolas.
La estrategia de la Sección Femenina para moldear a la juventud femenina se basó en ejercer su influencia en todos los ámbitos de la vida de las niñas y jóvenes, desde la educación formal en las escuelas hasta las actividades de ocio y tiempo libre. Más allá de la escuela pública, la organización estableció su propia red de centros, donde se realizaban actividades más dinámicas y variadas y que resultasen más atractivas para el adoctrinamiento.
La doctrina detrás del «veraneo»: los Albergues de la Sección Femenina falangista
Entre las ofertas «extraescolares» estaban los campamentos de verano, aunque esta nomenclatura se guardó exclusivamente para ellos, debido a las connotaciones militares. Para ellas se estableció el nombre de Albergues, donde se buscaba cultivar la «feminidad» de las participantes. Para ello, el entorno y su residencia debía ser lo más hogareño posible, para comenzar con sus roles lo antes posible.
Combinar el ocio con el adoctrinamiento requería ubicaciones de playa o de montaña, en contacto con la naturaleza, pero en residencias para desempeñar sus labores domésticas. Recibían a niñas de hasta 17 años, aproximadamente, que permanecían en estancias de 20 días a un mes de duración. El rango de edad abarcaba desde la infancia a la adolescencia, etapas decisivas para moldear hábitos, obediencia y visión del mundo. Los horarios y normas eran iguales para todos los albergues del país, indicados desde la Delegación Nacional.
El Albergue en Calp
Calp ofrecía acceso al mar y un paisaje emblemático, convirtiendo el entorno costero en parte del dispositivo formativo. Así, la Marina Alta se incorporó a una red de residencias estivales que, bajo apariencia «vacacional», funcionaban como un espacio de inmersión disciplinaria.
Los autores del libro Calpe, Tierra y Alma 3 explican que la organización interna del Albergue «Daniel Moleres» era como una «jerarquía casi militar», coherente con los principios de orden y disciplina que vertebraban tanto la Falange como la Sección Femenina.
Orden, disciplina y deporte
La evidencia fotográfica de Jackycalp Ifac recoge a las jóvenes «haciendo ejercicios de gimnasia». Estas prácticas no se presentaban como un simple pasatiempo, sino que formaban parte del objetivo de forjar mujeres «fuertes de cuerpo», dentro de un programa que combinaba disciplina física con formación moral e ideológica.
El concepto de «estaciones preventoriales» mencionado al principio enmarcaba estos centros como espacios con misión de «prevención», vinculados a la idea de robustecer el cuerpo social. La mención al Frente de Juventudes indicaba supervisión dentro de las estructuras juveniles del régimen, mientras que el ideal final quedaba condensado en la figura de la «futura madre española», asociada a una misión patriótica superior.
Una pieza local de una red nacional
El albergue en Calp, como los tantos que se repartieron por el territorio español, funcionó como una fórmula donde el atractivo de unas vacaciones se integraba en un modelo de encuadramiento y formación de largo alcance. Lejos de ser una iniciativa aislada, se integró en una estrategia nacional que transformó escenarios como la Marina Alta en espacios de formación ideológica y moral. El coleccionista de fotografías de Calp no ha podido datar el final del Albergue bajo la influencia de la Sección Femenina, aunque estima que pudo estar una década en funcionamiento.
* Fotografías de Jackycalp Ifac.











Comparando lo que salía de ahí con lo que sale del entorno podemita-venezolano, cualquier tiempo pasado fue mejor.
«Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente.»