A los más jóvenes costará imaginar como eran nuestros pequeños pueblos hace décadas. Pero las nuevas tecnologías, que conocen tan bien, son una poderosa arma de análisis y, sobre todo, de archivo, para ilustrarles cómo vivían nuestros antepasados.
Moraira, el encantador pueblo frente al mar, y sus lugareños son los protagonistas de este pedacito de historia del que nos hacemos eco hoy. Eran los años 50 y los vecinos y vecinas disfrutaban de un día de verano alejados de las preocupaciones de ahora.
El vídeo está narrado, se intuye, por un turista francés de la época y las descripciones que hace se basan en sus inmediatas observaciones. Hablando de un pequeño pueblo de la costa española, cerca de Alicante, el narrador captura para el recuerdo las barcas atracadas en el puerto que los pescadores de Moraira empleaban para faenar.
Entre paseos de los habitantes, la voz y la mirada de la cámara capta a una joven avivando el carbón de una plancha. Frente a ella, casas blancas y pequeños negocios construyen la fachada marítima de la localidad.
Pero la atención también se detiene en un vendedor de frutas y verduras, y la imagen muestra detalladamente como era el oficio de entonces. Con una balanza de capazos, el comerciante inserta los productos en uno de ellos y en el otro, con piedras, vaticina el peso de la comida.
Nuestro narrador también capta una de las costumbres veraniegas de Moraira. El pueblo se encuentra inmerso en las fiestas y celebra en breve los bous al carrer. El objetivo inmortaliza a los vecinos preparando las barreras de madera, para impedir que los animales se cuelen por los portales.
Son los habitantes de Moraira observando a las vaquillas desde unas enormes ruedas, desde las barcas atracadas y desde las terrazas los actores y actrices del estelar momento.
El visitante se adentra de lleno en el festejo y muestra a los más valientes, todos hombres, toreando a las vaquillas y empleando portales, ventanas, barreras artesanales y barcas como forma de protección ante el animal.
Ellas y los más pequeños del municipio observan el espectáculo desde las casas y sus balcones, percatándose también de la presencia del objetivo y del turista que setenta años después nos permite añorar esos momentos y verles de nuevo.













