La cereza Burlat se paga en origen entre 3,33 y 5,78 euros por kilo. La col de hoja lisa, en cambio, parte de los 23 céntimos. La comparación es tan visual como contundente. Algunos productos agrícolas habituales en los bancales de la Marina Alta pueden multiplicar por 25 el valor de otros en el arranque del verano.
Pero la lectura de estos precios no es tan sencilla como ordenar una lista de mayor a menor. Un cultivo mejor pagado no siempre es el más rentable para quien lo trabaja. Detrás de cada cifra hay temporalidad, demanda, mano de obra, capacidad productiva, riesgo climático, costes y posibilidades reales de mecanización.
La Xarxa Agrícola de la Marina Alta ha puesto el foco en su último boletín en los precios en origen de los cultivos más comunes de la comarca en esta época del año. Los datos actualizados de este artículo proceden del Portal Agrari de la Generalitat Valenciana y corresponden a la semana del 1 al 7 de junio de 2026, con precios de referencia de las lonjas y mercados de València y Alicante y sin incluir transporte ni manipulación.
La cereza, el dato que más llama la atención
Entre todos los productos analizados, hay uno que sobresale con claridad: la cereza. La variedad Burlat aparece con una cotización de entre 3,33 y 5,78 euros por kilo, según los precios de referencia de la primera semana de junio. Para Agustí Espí, técnico de la Xarxa Agrícola, este es precisamente el dato más llamativo de la tabla. «Ha sido un buen año, una buena campaña: alta producción en la comarca y buen precio de mercado», explica.
Espí subraya, además, que la cereza es un producto con mucha salida. «Es un producto con una alta demanda, nunca hay bastante. Eso demuestra el alto potencial que tiene la cereza en nuestra comarca», señala. Sin embargo, también introduce el primer gran matiz, ya que se trata de un cultivo especialmente sensible a la meteorología.
Los productos mejor pagados al inicio del verano
El ranking de precios en origen entre los productos que destaca la Xarxa Agrícola deja a la fruta seca y la fruta dulce en la parte alta de la tabla. La almendra Marcona alcanza los 6,01 euros por kilo, por encima incluso del máximo de la cereza Burlat.
Entre los productos mejor pagados aparecen también la almendra Largueta, la almendra común, la almendra Planeta, la judía Boby, el higo bacora y algunos tomates. Son cifras de referencia que ayudan a tomar el pulso al campo, aunque no explican por sí solas la rentabilidad real de cada cultivo.
- Almendra Marcona: entre 5,41 y 6,01 €/kg.
- Cereza Burlat: entre 3,33 y 5,78 €/kg.
- Almendra Largueta: entre 4,76 y 5,36 €/kg.
- Almendra común: entre 4,46 y 4,76 €/kg.
- Almendra Planeta: entre 4,46 y 4,76 €/kg.
- Judía Boby: entre 2,04 y 3,01 €/kg.
- Higo bacora: 2,42 €/kg.
- Albaricoque: entre 1,70 y 2,07 €/kg en el caso del albaricoque mediano, y entre 0,70 y 0,80 €/kg en el primerizo.
- Tomate acostillado: entre 1,20 y 1,94 €/kg.
- Tomate pera: entre 1,08 y 1,51 €/kg.
Del precio alto a la rentabilidad real
La tentación sería pensar que los productos con precios más altos son automáticamente los más interesantes para el agricultor. Pero no siempre es así. Agustí Espí insiste en que el precio en origen es solo una parte de la ecuación.
«Los productos con mejor precio en origen no son necesariamente los más rentables para los agricultores. Depende principalmente de la capacidad productiva del cultivo y de la posibilidad de mecanizar los procesos», explica el técnico de la Xarxa Agrícola.
El ejemplo que utiliza es muy claro. El calabacín blanco puede pagarse mejor que el verde, pero el verde puede resultar más rentable si produce más kilos por hectárea. Es decir, no importa solo cuánto se cobra por kilo, sino cuántos kilos se obtienen y cuánto cuesta producirlos.
También influye la conservación del producto. Espí cita el caso de la calabaza tradicional: puede pagarse barata, pero es poco exigente, poco perecedera y fácil de manipular. Eso puede convertirla en un cultivo rentable pese a no ocupar los primeros puestos de la tabla.
Por qué hay tanta diferencia entre unos cultivos y otros
La diferencia entre los casi seis euros de algunos productos y los céntimos de determinadas hortalizas se explica por varios factores. La temporalidad es uno de los principales. Hay productos que entran en campaña con mucha demanda y otros que coinciden con momentos de alta producción en muchos mercados.
Espí pone como ejemplo el tomate y la patata. «El tomate empieza ahora y la demanda es muy alta. En cuanto a la patata, estamos en el momento más alto de producción y los mercados están inundados», señala.
La forma de recolección también pesa. No cuesta lo mismo recoger un producto a mano que hacerlo con maquinaria. La judía, por ejemplo, requiere recolección manual, mientras que otros cultivos como la patata permiten una mayor mecanización.
A todo ello se suma el riesgo climático, según señala el técnico. Una granizada, una plaga o un episodio de calor pueden alterar por completo una campaña. Si a unos productores les afecta y a otros no, el resultado económico de ese año puede cambiar de forma radical.
Las hortalizas, entre los céntimos y el esfuerzo del bancal
En la parte baja de la tabla aparecen varias hortalizas habituales en los bancales. La col de hoja lisa se sitúa entre 0,23 y 0,40 euros por kilo, mientras que el calabacín oscila entre 0,29 y 0,69 euros.
- Col de hoja lisa: entre 0,23 y 0,40 €/kg.
- Calabacín: entre 0,29 y 0,69 €/kg.
- Patata blanca: entre 0,36 y 0,69 €/kg.
- Patata roja: 0,49 €/kg.
- Apio verde: entre 0,40 y 0,55 €/kg.
- Pepino blanco: entre 0,43 y 0,69 €/kg.
- Limón Verna: entre 0,80 y 1,00 €/kg.
En los pimientos, las referencias varían según el tipo. El pimiento verde Lamuyo alcanza hasta 1,41 euros por kilo, por encima del pimiento rojo Lamuyo y de las variedades California.
- Pimiento rojo California: entre 0,50 y 0,80 €/kg.
- Pimiento verde California: entre 0,60 y 1,20 €/kg.
- Pimiento rojo Lamuyo: entre 0,40 y 1,29 €/kg.
- Pimiento verde Lamuyo: entre 0,40 y 1,41 €/kg.
Una buena campaña marcada por la lluvia y las temperaturas
Más allá de las diferencias entre productos, la lectura de la Xarxa Agrícola sobre la campaña actual es positiva. Espí considera que la mayoría de cultivos de la Marina Alta están siendo rentables este año, aunque siempre con las particularidades de cada caso.
«Este año hemos tenido una campaña excepcionalmente buena de aceite de oliva y cereza. El naranjo se ha mantenido, me llega que la uva también está yendo muy bien y, en cuanto a la hortaliza, está siendo un buen año, con buena producción y pocas plagas», explica.
La razón principal, apunta, está en el comportamiento del tiempo. «Ha llovido bien y las temperaturas han sido agradables», dos factores que han ayudado a mejorar el estado de los cultivos y reducir algunos problemas habituales en el campo.
La Marina Alta no compite por volumen, sino por valor añadido
«La Marina Alta no se caracteriza por producciones altas y mecanizadas, sino más bien por una diferenciación en el producto y un valor añadido. No tenemos grandes extensiones ni invernaderos», recuerda Espí.
Por eso, desde la Xarxa Agrícola insisten en que el territorio se caracteriza por producciones «a cielo abierto» y por sistemas más respetuosos con el medio ambiente. La ventaja competitiva de la comarca no está tanto en producir más, sino en producir de otra manera.
Un futuro agrícola posible, pero incierto
El diagnóstico final de Agustí Espí combina prudencia y reivindicación. «La agricultura es una posibilidad laboral real y se puede vivir de ella, pero la situación y la estrategia económica de la comarca son muy diferentes de los intereses agrarios. El futuro en la Marina Alta es incierto», resume.
Estos precios no pretenden ser una fotografía exacta de cada bancal de la Marina Alta, sino una orientación. Sirven para que agricultores, consumidores y comercios entiendan mejor el valor de los productos en origen y las diferencias que existen entre cultivos. El valor de esta guía está también en recordar que detrás de cada precio hay trabajo, riesgo y territorio. Comprar producto local no solo tiene que ver con la frescura o el sabor, sino también con sostener un paisaje agrícola que forma parte de la identidad comarcal.












