Durante los años 80, las grandes discotecas de la Marina Alta competían por tamaño, diseño, aforo y programación. En los 90 ocurrió casi lo contrario. Muchas salas dejaron de ampliarse y comenzaron a dividirse, cambiar de nombre o buscar nuevos públicos.
El libro 150 anys de música i ball a la Marina Alta advierte de ese cambio a través de una pista muy clara: los nombres. Además, en los años en los que el rock, el punk y la electrónica ganaban terreno en la comarca, ya se avanzaba esa diversificación. La noche había dejado de tener un único sonido y un único público, por lo que la década de los 90 no fue solo una crisis, fue una mutación.
Golden ya no se ampliaba, se partía y cambiaba
La antigua Golden de Dénia, que en los 80 había funcionado como una gran sala comarcal, entró en los 90 con otra lógica. Según recogen Sergi Albiñana y Paco Carrió en el libro, Tunnel nació en 1993, en la segunda etapa de aquel espacio, cuando la moda de las macrodiscotecas ya quedaba atrás. El complejo se dividió en dos partes, una tomó el nombre de Tunnel y la otra se convirtió en Salsa. La imagen resume bien el momento. La sala que antes aspiraba a reunirlo todo empezaba a segmentar públicos.
Después de la etapa de Tunnel, el mismo lugar acogió una nueva apuesta bajo la marca Penélope, procedente de Benidorm. Otro rasgo de los 90 fue la entrada de nombres reconocibles fuera de la comarca para intentar reactivar espacios que ya habían tenido una vida anterior.
Menphis también cambió de piel: Pacha, Maná Maná, Chip y Soho
Otro ejemplo de la fragmentación en Dénia fue Menphis. Tras haber representado en los 80 una de las cimas del modelo de macrodiscoteca tematizada, en los 90 el complejo también se dividió. Una parte bajo la marca Pacha y la otra con el nombre de Maná Maná. Las dos contaban con Joseba Castro y Adolfo Castro en la dirección.
Según expone el libro, la etapa de Pacha duró aproximadamente tres años y después el local pasó a llamarse Chip, para más tarde cambiar a Soho. Aquella cadena de nombres cerraba una larga historia del mismo local, ligado al ocio desde el nacimiento de Kika en 1976.
Bowler’s, Acuario y Amigos siguieron la misma lógica de reciclaje
La reconversión también alcanzó a locales con trayectorias muy distintas. Bowler’s había marcado una gran etapa anterior de la noche en la comarca. En ella, en los años 90, primero apareció Flexi y después Fandango, bajo la dirección de los hermanos Paco y Juan Marco. Los nombres con memoria también necesitaron nuevas fórmulas para seguir compitiendo.
Algo parecido ocurrió con Acuario, abierto en 1977 y recordado en el libro de 150 anys de música i ball a la Marina Alta como uno de los templos de la música disco en Teulada Moraira. Con la crisis del modelo, el espacio se transformó en Blanca, con una estética muy ibicenca y con Salva Faus como DJ residente. En la urbanización El Palmar de Dénia, Amigos, abierta a mitad de los años 80, también acabó cambiando de nombre para convertirse en Due Amigos, manteniendo un ambiente más selecto.
El interior y las salas comarcales también notaron el agotamiento
El desgaste no se limitó a los grandes espacios de costa. Algunos locales del interior, como Venecia en Castell de Castells, abierta en 1973, fueron perdiendo actividad con el paso del tiempo, aunque durante años habían funcionado como puntos de encuentro clave para los jóvenes. Caracol, en Xàbia, que había sido una referencia para varias generaciones, también acusó el declive general de las discotecas en los años 90. Colors, en Gata de Gorgos, después de una primera etapa muy marcada por el ambiente alternativo y electrónico, cerró en 1991 y tuvo una segunda aventura más breve en 1994.
Calp mostró otra salida: la multiplicación de pubs y pequeños espacios
El caso de Calp permite leer el cambio desde otro ángulo. El libro acierta describiendo un municipio que pasó en pocas décadas de pueblo marinero a gran atracción turística, y esa transformación también se trasladó al ocio. Las antiguas salas y pistas dieron paso a una sucesión rápida de pubs musicales, discotecas, terrazas y locales repartidos por nuevas zonas residenciales y turísticas. No todo dependía ya de una gran sala de referencia.
Entre los nombres que recoge el texto aparecen El Sótano, MD, Victoria, Casablanca, Viñasol, Pim’s, Circus, después Transit, Kentucky, L’Almàssera o El Faisán. La playa de la Fossa consolidó además su propia área de ocio con locales como Camaleón, La Cueva, La Sirena o El Bolero. El fenómeno ya no era solo la discoteca, sino la suma de pequeños espacios, cada uno con su público.
La crisis de los 90 fue el fin de una forma única de salir
La década de los 90 no apagó la noche en la Marina Alta, pero sí desmontó la idea de una gran discoteca capaz de concentrarlo todo. Lo que antes se resolvía con una pista enorme, varios cientos o miles de personas y un nombre reconocible empezó a repartirse entre salas partidas, nuevas marcas, pubs musicales, ambientes diferenciados y públicos más difíciles de mezclar. La crisis del ocio nocturno en los 90 fue, sobre todo, el final de una forma única de entender la fiesta. A partir de ahí, la historia continuaría en otra escala. Pubs, karaokes, locales de proximidad, música en directo y nuevas maneras de salir que llevarían a la comarca hacia los 2000.
Fuente: ‘150 anys de música i ball a la Marina Alta’, de Paco Carrió y Antoni Reig, director y coordinador del libro.












