El lado menos contado de la noche en la Marina Alta: los años del rock, el punk y la electrónica
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El lado menos contado de la noche en la Marina Alta: los años del rock, el punk y la electrónica

Itsaso Aurrekoetxea Jover

Periodista
06 de junio de 2026 - 08:00

Mientras las grandes salas llenaban pistas con miles de personas, otra noche empezó a crecer en la Marina Alta. Una más pequeña, más musical y menos pendiente del aforo. A finales de los años 80 y principios de los 90, locales como Pub Quatre Estacions y Graffiti, en Pedreguer, o Colors, en Gata de Gorgos, abrieron camino a una escena distinta, marcada por el rock, el punk, el garaje, el heavy, la música independiente y los primeros sonidos electrónicos.

Tras la gran expansión de las discotecas en la comarca, el ocio nocturno ya no tenía una sola forma. Había locales para grandes masas, pero también espacios donde importaba más el repertorio, el concierto, el ambiente o la identidad del público. El libro 150 anys de música i ball a la Marina Alta permite seguir esa línea menos comercial a través de una serie de proyectos que no quisieron competir por tamaño, sino claramente por personalidad.

Graffiti, de discoteca Desirée a refugio underground

Uno de los grandes nombres de esta otra noche en la comarca fue el local pedreguero Graffiti. El periodista Lluís Pons relata en el libro que la historia de Graffiti arrancó en 1987, de la mano de Ramón Pérez Carrió y su esposa Clara Font, que ya habían abierto cinco años antes el Pub Quatre Estacions. El espacio de Graffiti no era nuevo, antes había sido la discoteca Desirée, pero el cambio de espíritu fue completo.

Graffiti tenía una amplia pista de baile, iluminación de discoteca y la música corría a cargo del propio Ramón Pérez Carrió, con una selección que mezclaba garaje, punk, rock and roll, mod y sonidos vinculados a la movida. No era una discoteca convencional, era un local con estética propia.

Entrada gratuita, precios asequibles y una estética que iba por libre

La diferencia no estaba solo en la música. Pons relata que Graffiti apostó por la entrada gratuita, consumiciones más asequibles y una decoración creada por el propio Pérez Carrió, con pinturas, murales, esculturas, un diseño underground que lo alejaba del brillo de las grandes discotecas y con la parte delantera de un camión rojo como cabina. En plena ola de locales masivos, aquel espacio proponía otra relación con la noche, con menos escaparate y más escena.

También ofrecía un concierto en directo cada mes, de nuevo con entrada gratuita. Sex Museum, The Faraons, BB Sin Sed, Los Vegetales, Mermelada o The Fleshtones tocaron en Graffiti. El caso de estos últimos resume la dimensión que alcanzó el local: durante una gira mundial hicieron solo dos paradas en España, una en Madrid y otra en Pedreguer, según relata Pons.

La escena local también encontró allí su escenario

Graffiti no fue solo un escaparate para grupos de fuera. También abrió espacio a bandas de la comarca como La Banda Salvaje e Inflamables, según explica el periodista. Esa combinación de nombres internacionales, grupos estatales y escena local convirtió el local en algo más que un punto de ocio. Funcionaba como una pequeña sala cultural, un lugar donde una parte de la juventud podía reconocerse en músicas que no siempre tenían sitio en los circuitos comerciales.

El éxito fue considerable y su repercusión llegó a programas de radio, prensa escrita y revistas especializadas. Hasta 1992, cuando Graffiti cerró.

El Pub Quatre Estacions fue la semilla de aquella cultura pedreguera

Antes de Graffiti los mismos propiertarios abrieron el Pub Quatre Estacions en 1982. Un proyecto artístico y musical que todavía sigue cosechando historias en Pedreguer. Pons relata que, en sus inicios, con la llegada de cada nueva estación del año, el pub lo celebraba con un concierto y un nuevo mural del propio Ramón Pérez Carrió. Renovando la decoración el espacio se convertía en algo vivo, cambiante y vinculado al calendario.

Esa idea explica por qué Graffiti no apareció como una ocurrencia aislada. Venía de una manera de entender el ocio como experiencia cultural, no solo como consumo nocturno. El Pub Quatre Estacions aportó el lenguaje previo, con música, pintura, ambiente alternativo y una relación directa entre local y público asistente. A partir de los años 90 mantuvo su perfil musical con otros gerentes y otros rumbos, hasta consolidarse como referencia de la música alternativa con actuaciones en directo.

Colors: rock y heavy antes de mirar hacia la electrónica

El otro gran protagonista de esta historia fue Colors, abierto el verano del 1984. En el libro 150 anys de música i ball a la Marina Alta, Sergi Albiñana y Paco Carrió relatan que al principio funcionaba como cafetería con música, pero la relación del propietario con una persona que poseía mucha música heavy y rock hizo que el local se desplazara hacia ese ambiente. Colors empezó así a construir una identidad musical distinta.

La evolución no se quedó ahí. Albiña y Carrió explican que, un año después, el dueño del local, conocido como Pura, conoció de cerca la Ruta del Bakalao en la mítica discoteca Chocolate y quedó marcado por aquel ambiente y por la música electrónica que sonaba. A partir de ese momento decidió cambiar el rumbo de su local. Colors pasó a apostar por música electrónica de importación y música independiente.

Colors vivió entonces una etapa de fuerte personalidad. Según narran en el libro, la fórmula del local triunfó tanto que atraía a visitantes de otras ciudades más allá de la comarca y las fronteras valencianas. El local se caracterizó por lucir un ambiente propio, una clientela fiel y la capacidad de conectar la Marina Alta con músicas que estaban transformando la noche valenciana. Colors cerró en 1991, aunque el propietario abrió después otro local hasta 1994.

Tunnel y Salsa mostraron que los públicos empezaban a separarse

A principios de los 90, la diversificación de estilos y ambientes ya era muy evidente. En 1993, la anterior discoteca Golden se dividió en dos espacios, Tunnel y Salsa. No fue una simple continuación de la gran sala, sino una señal de época. El público ya no buscaba una única pista común. Empezaba a moverse por estilos, ambientes y horarios distintos.

De nuevo, Albiñana y Carrió narran en el libro que en Tunnel pincharon Juan Pedro Pachés, David Pesquera y Piti Franco, junto a otros nombres como Jaime Pérez. El local reflejaba la transición hacia un sonido más electrónico. Mientras tanto, Salsa se centró «desde la música festiva y animada al pop nacional». La noche se estaba fragmentando y esa fragmentación sería decisiva en la década siguiente.

La Marina Alta que bailó diferente

La historia de locales como Graffiti, Pub Quatre Estacions y Colors demuestra que hubo una Marina Alta que bailó diferente. Una escena paralela, menos masiva, más musical y más conectada con públicos que buscaban otra cosa. Rock, punk, garaje, heavy, música independiente y electrónica temprana convivieron con la discoteca generalista y ampliaron el mapa del ocio comarcal.

Esa otra noche no compitió con las grandes salas en tamaño, sino en identidad. En unos locales se iba a bailar ante miles de personas, en otros, a descubrir grupos, escuchar música importada, entrar gratis a un concierto o reconocerse en una estética distinta. Cuando llegaron los años 90, la comarca ya no tenía un único modelo nocturno. Tenía varios. Y esa diversidad abriría la puerta al siguiente capítulo: el momento en que muchas salas empezaron a dividirse, cambiar de nombre y buscar nuevos públicos.

Fuente: ‘150 anys de música i ball a la Marina Alta’, de Paco Carrió y Antoni Reig, director y coordinador del libro.

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