OPINIÓN | Junta Directiva de la Asociación animalista de Pedreguer, Els Poets.
Dos años de avances en protección animal podrían perderse por la ambición de unos/as pocos/as, mientras los/as voluntarios/as y la Junta Directiva actual luchamos por mantener un modelo ético y eficaz.
En el corazón de Pedreguer, la asociación animalista Els Poets ha demostrado que la dedicación, la ética y la transparencia pueden transformar vidas. Durante casi dos años, su junta directiva ha trabajado sin descanso para dignificar la existencia de animales abandonados y maltratados, creando un modelo de gestión pionero que ahora se ve amenazado, no por falta de recursos ni de compromiso, sino por el ego y la ambición de unos/as pocos/as.
Un grupo minoritario de socios y socias ha emprendido una estrategia de desgaste, de la que existen pruebas fehacientes, mediante sabotajes, bulos, denuncias y campañas de desinformación, poniendo en jaque el trabajo de toda una comunidad de voluntarios y voluntarias y de los veterinarios que cuidan estos animales. No se trata de diferencias de criterio, que sería perfectamente comprensible, sino de un intento deliberado de desplazar a quienes sostienen el proyecto y reemplazarlos.
Cabe destacar que quienes lideran este grupo son quienes antes dirigían la asociación y dimitieron, y los/as que durante su mandato, llevaron a cabo una praxis poco recomendable para la correcta atención de los animales, como evidencian pruebas gráficas de las condiciones anteriores de la colonia 8. El riesgo de retroceso es evidente: casi dos años de avances podrían perderse en cuestión de meses. Esta situación revela lo frágil que puede ser un proyecto social cuando el interés personal supera al bien común y lo vulnerable que resulta el voluntariado frente a la hostilidad interna.
A pesar de esta presión, los logros de Els Poets de Pedreguer son indiscutibles: la asociación gestiona 56 colonias felinas, asegurando control poblacional y atención veterinaria mediante el método CER. Se ha creado un Plan de Voluntariado que organiza y capacita a decenas de personas, convirtiéndolas en el motor operativo de la entidad. Además, se ha redactado un Plan de Gestión Ética de Colonias Felinas, que ahora sirve como modelo de referencia para otras asociaciones y municipios.
El impacto de estas acciones trasciende las estadísticas. Cada gato rescatado y cada animal enfermo recuperado refleja horas de esfuerzo y dedicación. Se han atendido animales con heridas graves, víctimas de maltrato o accidentes, salvando vidas que de otro modo habrían estado condenadas. Cada rescate es una historia de esperanza, sostenida por personas que entregan lo mejor de sí mismas sin esperar nada a cambio.
El acoso constante también ha dejado secuelas humanas: voluntarios/as y miembros de la junta directiva sufren desgaste emocional, ansiedad y desmotivación. Algunos han tenido que abandonar temporalmente sus funciones, mientras otros luchan por mantener la integridad del proyecto frente a ataques injustificados. La combinación de amor por los animales y confrontación interna ha puesto a prueba la resiliencia de quienes creían que su única misión era proteger vidas vulnerables.
El respaldo institucional y comunitario ha sido clave, reflejado públicamente en la prensa. El Ayuntamiento de Pedreguer ha realizado un seguimiento permanente y sistemático del trabajo realizado en las colonias, fundamentalmente en la colonia 8. Todo ello junto a los profesionales veterinarios, asegurando que los protocolos y cuidados se cumplen rigurosamente y están adaptados a la nueva normativa. Este aval y supervisión continuada ha generado confianza, y algunos ayuntamientos de la zona han mostrado interés en replicar la labor de Els Poets, adoptando sus métodos y estrategias de protección animal.
Todo ello demuestra que, cuando se trabaja con integridad y resultados comprobables, la sociedad puede distinguir entre quienes protegen y quienes destruyen. Aun así, la amenaza persiste.
Este caso deja una lección clara: la protección animal exige dedicación, formación y aplicación rigurosa de protocolos higiénico-sanitarios. Pero lo que realmente importa es el compromiso de quienes defienden vidas vulnerables y la vigilancia de la comunidad para que el ego y los intereses personales nunca pongan en riesgo el esfuerzo colectivo, recordándonos la fragilidad de cualquier proyecto social frente a la falta de ética interna.
La sociedad tiene un papel activo: es necesario apoyar, visibilizar y proteger a quienes trabajan por los seres sintientes. Cada gesto de solidaridad, cada colaboración y cada reconocimiento público fortalece la ética y disuade la destrucción interna. Los animales no pueden defenderse por sí mismos, pero usar nuestra voz para protegerlos es una obligación ética. Cada gato, cada perro, cada ser vulnerable que salvamos es un recordatorio de lo que está en juego. La pregunta que debemos hacernos como sociedad es clara: ¿permitiremos que el rencor y la ambición destruyan lo que tantos han construido con esfuerzo, sacrificio y dedicación?









Mucho ánimo , voluntarios responsables. Seguid pase lo que pase. Cuando se hace bien,se nota. He llevado colonias felinas desde 1995, hemos aguantado muchas cosas ¡y ha valido – y sigue valiendo- la pena!!! Ánimo y adelante.