Ser mujer trabajadora en la Marina Alta del siglo XX: una aproximación a la precariedad de la época industrial Ser mujer trabajadora en la Marina Alta del siglo XX: una aproximación a la precariedad de la época industrial
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Ser mujer trabajadora en la Marina Alta del siglo XX: una aproximación a la precariedad de la época industrial

21 de diciembre de 2025 - 08:00

La historia industrial de la Marina Alta no se entiende sin el trabajo de las mujeres. El estudio «Agarrar màquina» reconstruye, a través de entrevistas y memoria oral, las experiencias laborales de las mujeres que trabajaron en las fábricas de marroquinería de Pedreguer durante el siglo XX, especialmente entre las décadas de 1950 y 1980.

Documenta cómo miles de horas de costura, repunte y trabajo repetitivo sostuvieron un sector que atrajo mano de obra de la comarca, mientras una parte de esas trayectorias laborales se desarrolló sin contrato, sin cotización y sin derechos.

El estudio, realizado por Irene Martín de Vidales i Ortiz y promovido por el Ayuntamiento de Pedreguer, se centra en la industria de la marroquinería, dedicada a la fabricación de bolsos, carteras, cinturones y otros artículos de piel, a partir de materiales como cuero, piel curtida, hilos, adhesivos y piezas metálicas, y con procesos manuales y mecanizados que requerían destreza, repetición y precisión.

Según el estudio, «en estos relatos aparece una tensión constante»: por un lado, «la fábrica como espacio asociado al jornal y a una cierta autonomía económica»; por otro, «la normalización de la precariedad, la desigualdad salarial y el silencio en torno a determinadas condiciones laborales». Una de las voces recogidas lo expresa así: «Eso de que no estábamos aseguradas, no hay que decirlo, ¿no?».

Entrar a trabajar sin garantías

El estudio describe un escenario en el que una parte importante de la producción se realizaba fuera del marco laboral formal, ya fuera en domicilios particulares, pequeños talleres o circuitos productivos descentralizados. En este sistema, ampliamente feminizado, el trabajo a domicilio se caracterizaba por «una baja valoración social» y por «la ausencia de derechos laborales».

En el caso del trabajo en fábrica, el estudio señala que «no siempre se garantizó una situación laboral estable». Algunas trabajadoras recuerdan haber estado aseguradas durante toda su vida laboral, mientras que otras vivieron irregularidades en las contrataciones o carencias en las cotizaciones, con consecuencias directas en el momento de la jubilación. Incluso cuando las condiciones laborales mejoraron con el tiempo, el estudio apunta que «estos vacíos generaron desengaños y dificultades al final de las trayectorias laborales».

Jornadas largas y disciplina fabril

Según la investigación, el paso al trabajo fabril supuso un «cambio profundo en la relación con el tiempo». El espacio de la fábrica era descrito como «un lugar de aprendizaje y transmisión de conocimiento práctico», pero también como «un espacio de control y vigilancia sobre los cuerpos», que incluía «el seguimiento del rendimiento, la valoración moral, la atención al aspecto físico y la disciplina cotidiana».

El estudio sitúa este modelo de trabajo dentro de una transición más amplia, en la que «los horarios del empleo asalariado comenzaron a condicionar la vida cotidiana». En ese proceso, «las mujeres quedaron situadas en el cruce entre el trabajo productivo y las tareas de cuidados, que no desaparecieron con la incorporación al empleo fabril».

Desigualdad salarial: el mismo trabajo, distinto salario

La desigualdad salarial aparece en el estudio «como un elemento recurrente en los testimonios». Varias trabajadoras relatan que «por el mismo trabajo ganaba más el hombre que la mujer», señalando que el género determinaba el salario incluso cuando el trabajo realizado era equivalente.

La investigación contextualiza esta situación en la legislación franquista y en su evolución posterior, y señala que «más allá de los cambios normativos, existió una continuidad en la infravaloración del trabajo femenino dentro de la industria».

La doble jornada: el trabajo no termina al salir de la fábrica

El estudio indica que «la experiencia laboral femenina no puede analizarse únicamente desde el espacio productivo». La investigación incorpora el trabajo doméstico y de cuidados como una dimensión inseparable del empleo, mostrando que «muchas prácticas laborales se desarrollaban en espacios híbridos», donde «el trabajo remunerado y las obligaciones del hogar se entrecruzaban».

Esta doble jornada es descrita como «un eje estructural del sistema productivo», en el que «el empleo asalariado convivía con tareas reproductivas asumidas como obligación femenina», condicionando «la vida cotidiana y la posibilidad de sostener la producción industrial».

Del malestar a la conciencia colectiva

Con el paso del tiempo, el estudio señala que «el sindicalismo fue ganando fuerza» y que «algunas condiciones laborales mejoraron». Este proceso, según la investigación, «no fue lineal ni homogéneo», ya que «convivieron avances con irregularidades», dejando «una huella persistente en la memoria de las trabajadoras».

En este recorrido, el estudio destaca el papel de las relaciones entre mujeres dentro y fuera de la fábrica, así como las redes de apoyo, la solidaridad cotidiana y determinadas prácticas colectivas, que «actuaron como base de procesos de politización progresiva».

Movimiento sindical: participación femenina y límites

La investigación sitúa estas experiencias en un contexto de protestas y organización social, y señala que «la participación directa de las mujeres en sindicatos, huelgas y movilizaciones fue real», aunque «a menudo estuvo condicionada por los roles de género y el contexto político».

Una de las entrevistadas, que actuó como enlace sindical, lo resume así: «También había mujeres, pero todavía no estaba la cuestión feminista en las reuniones sindicales». El estudio utiliza este testimonio para describir una participación existente, pero desarrollada dentro de límites que excluían las reivindicaciones feministas.

Cuando se apagan las máquinas

Según el estudio, «Agarrar màquina» no propone un relato nostálgico, sino que analiza el desarrollo industrial desde las condiciones materiales y sociales en las que se produjo. La investigación señala que «los discursos que asociaron industrialización con progreso no incorporaron las condiciones laborales reales de las trabajadoras».

Recuperar esta memoria es presentado en el estudio como una cuestión de rigor histórico, ya que situar las condiciones de trabajo y las experiencias de las mujeres en el centro permite comprender el pasado industrial de Pedreguer desde una perspectiva que había quedado fuera de los relatos dominantes.

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  1. Juan Vicens dice:

    También muchos hombres que trabajaban en las fabricas tenian que doblar su jornada llevando sus tierras, recolectando aceitunas, almendras etc.