«Más de medio siglo fuera de Benissa»
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«Más de medio siglo fuera de Benissa»

OPINIÓN | Vicente Torres, escritor de Benissa

Hace más de cincuenta años que falto de mi pueblo, Benissa. Me tuve que ir. En estos últimos años he vuelto unas pocas veces, de forma esporádica y cortos periodos de tiempo. Nada es como era. Ya no se ven las mismas caras por las calles. Algunas fachadas han cambiado. Hay calles nuevas. El convento de los franciscanos ha sufrido cambios. No tuve amigos en el pueblo, pero me habría gustado ver a las gentes de mi tiempo. Unos fallecieron, otros ya no viven en el pueblo, y a los que sí no los he visto. Mi hermano Adolfo siempre vivió contra mí. Ninguno de los dos sabíamos que su vida dependía de la mía. Conseguí sobrevivir a sus embates y los de otros. Tras haber conseguido prolongar su vida por mi donación de médula ósea, siguió viviendo contra mí. Malgastó su vida. La suya fue una ingenuidad maliciosa. La vida es corta y si no se emplea el tiempo en buscar el rumbo adecuado, se echa a perder.

El término municipal de Benissa ofrece una gran cantidad de vistas panorámicas. Añoro tantas cosas… Añoro, sobre todo, la vida que no viví. Me intentan imponer un relato sobre hechos que me afectan directamente. Están de moda los relatos. Cada cual ve las cosas de un modo distinto. Pero todo relato pretende ser hegemónico, mientras que una opinión admite la réplica. Pero aunque se tratara de una opinión, puesto que se refiere a algo que me atañe, no la podría admitir. Un verdugo no puede estar por encima de la víctima, y ni siquiera al mismo nivel.

Benissa tuvo una iglesia fortificada. Fue construida en el siglo XIV y se fortificó en el XVII. Debido a su deficiente estado de conservación, se derribó en 1940. Parte de su fachada fue reconstruida en 2009. Pervive en el pueblo la conocida como la Catedral de la Marina, construida a principios del siglo XX, con la colaboración de todos los habitantes del pueblo, que aportaron materiales y trabajaron en ella, cada uno en los días señalados al efecto. En su edificación tuvo que participar activamente mi abuelo, Vicente Torres Taberner, en su tiempo como alcalde, y también en los demás años en que duró la obra. También mi padre, Adolfo Torres Pérez, fue alcalde de Benissa, y aunque su comportamiento conmigo fue criminal, su gestión fue buena para el pueblo. Quizá, mejor que buena.

Dos escritores de renombre vivieron en Benissa en los últimos tiempos, Chester Himes e Ignacio Carrión, ambos en las proximidades del mar. Traté a uno de los dos y no era el negro. Ya explicó Don Quijote que el insulto no está en las palabras que se dicen, sino en la intención con que se dicen. Vivimos tiempos en los que se fomentan el egoísmo y el odio hacia el que no piensa igual, de modo que hay que andar con zancos y mirando al suelo, para no pisar lo que no toca.

No tengo todos los libros de los dos, pero sí varios de cada uno de ellos, y los he leído todos. Se tomó el acuerdo de dedicarle una calle en Benissa a Chester Himes, pero han pasado diez años y no se ha llevado a cabo. Casi sería mejor homenaje que en todas las casas hubiera algún libro suyo, y que la gente supiera cosas de su vida. Ignacio Carrión también tenía una forma de escribir que gustaba y una imaginación que utilizaba como herramienta de trabajo. Ganó el premio Nadal.

Natural de Benissa, en cuyo templo parroquial está enterrado, es el Padre Melchor de Benissa, sexagésimo segundo ministro general que fue de la orden de los capuchinos. Fue profesor de filosofía, con profundos conocimientos y grandes dotes oratorias.

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Clasificado en: Sociedad, Vicente Torres
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