OPINIÓN | Luisina Daives, psicóloga de Amadem
El acoso sexual, la brecha salarial, el acoso laboral por razón de sexo, la feminización de ciertos trabajos, con su precarización correspondiente o la discriminación por ejercer derechos laborales reconocidos, son algunas de estas violencias que enfrentan las mujeres en sus puestos de trabajo.
Los problemas de Salud Mental constituyen un factor multiplicador de riesgo de sufrir violencia, abusos y vulneración de derechos. La violencia machista es la punta de un gran iceberg que hay por debajo: el de la desigualdad estructural, y nos afecta a todas las mujeres en distintos niveles.
Ser víctima de violencia de género te hace ser más vulnerable a padecer trastornos de salud mental como ansiedad, depresión, trastornos adaptativos, estrés postraumático, adicciones, trastornos de conducta alimentaria, etc. Además, el hecho de padecer un trastorno bipolar, o una esquizofrenia, te hace ser más vulnerable a padecer violencia de género, estas mujeres constituyen una población de riesgo, como ocurre con otros colectivos con diversidad funcional, mujeres migrantes, etc.
Será muy importante que como sociedad conozcamos qué es la violencia contra la mujer y cómo se puede manifestar, ya que muchas veces hablamos de una agresión más invisible, que no se ve directamente pero que ataca a la psicología de una mujer; a su mundo interior, por lo que va minando poco a poco su vida en general.
Eduquemos a las personas más jóvenes en la aceptación de la diferencia, en la igualdad, en que cada persona pueda libremente elegir su manera de vivir, respetando siempre a su alrededor. Eduquemos en valores, y en la defensa de éstos, que cuando se produzcan escenarios de violación de los derechos humanos, generalmente en los colectivos más vulnerables (infancia, mujeres, inmigrantes, personas ancianas, homosexuales, personas de color, etc.) reaccionemos y vayamos construyendo una sociedad más justa y humana.
Algunos de los motivos por los que mujeres con trastorno mental sufren más violencia serán: el estigma de la enfermedad mental que provoca soledad y aislamiento. No disponer de red de apoyo o empleo: tienen dependencia personal, asistencial y económica. No tienen acceso a la información y recursos adecuados. Discriminación y rechazo social: lo que disminuye las posibilidades de detectar e intervenir ante situaciones de violencia de género. La menor credibilidad que se concede a su relato. Baja autoestima. Mayores probabilidades de experimentar relaciones desiguales, por su dificultad para encontrar pareja, vinculadas al estigma. Sentimiento de no ser capaces de afrontar la vida en solitario. Mayor tendencia a justificar las relaciones abusivas hacia ellas debido al sentimiento de poca valía.






