¿Qué sería de las fiestas navideñas sin la intensidad de sus colores? Esta mágica temporada permite dejar llevar la imaginación y llenar los hogares de divertidas y tradicionales decoraciones. Y si hay un elemento que nunca falla, casi tanto como el árbol y las guirnaldas, es la flor de Pascua.
La Marina Alta tiene la suerte de contar con uno de los lugares donde nace esta magia a través de este elemento decorativo natural tan definitorio de la Navidad. Se trata del único invernadero de la comarca que produce desde cero la Euphorbia pulcherrima, también conocida como Poinsettia o flor de Pascua. Viveros Parra, ubicado entre Pego y l’Atzúbia, además de su labor de mantenimiento y recuperación de planteles hortícolas en la comarca, diversifica sus labores de cara al invierno con la producción de las flores.
«Fue una decisión estratégica para nosotros la de empujarnos a producir la flor de Pascua. El objetivo fue cubrir el ciclo de baja actividad entre agosto y diciembre, cuando el cultivo de plantel hortícola disminuye», explica Fernando Sastre Ferrer, gerente y técnico agrónomo del vivero pegolí.
Como deja entrever Fernando, para que el invernadero se llene de colores en los días más fríos del año, el trabajo con la flor de Pascua comienza mucho antes. En agosto, en condiciones muy cálidas en la comarca, se planta la flor para terminar su ciclo con la llegada del frío en diciembre.
«Es un cultivo muy delicado. La planta es muy sensible a la humedad y a los cambios de temperatura», detalla. Por este motivo, en el vivero cuidan de cada etapa de crecimiento para que lleguen en perfecto estado a la Navidad. «Se realizan tratamientos fitosanitarios contra plagas, como la mosca blanca y enfermedades como la botrytis. También se controla la humedad mediante ventilación y calefacción automatizadas». Además, se emplean reguladores de crecimiento para controlar su tamaño y que todas sean iguales.
«El momento más delicado ocurre cuando la planta detecta el cambio de horario en octubre y la reducción de horas de luz, lo que induce la «maduración» y el cambio de color». A partir de este momento, se deben suspender los tratamientos fitosanitarios para no manchar las hojas y se utilizan las pantallas térmicas instaladas a 4 metros de altura en el invernadero, que sirven para protegerlas del rocío nocturno. «Su función es evitar que caiga sobre la planta, previniendo así podredumbres o enfermedades sin necesidad de mojar la flor», explica el gerente.
Aunque la roja es la más común, el vivero conoce la tendencia de sus clientes a buscar colores diferentes para decorar ambientes distintos. «Desde el blanco, al salmón, rosa, amarillo y dos tipos de bicolores. Cada una corresponde a una variedad o clon diferente».
Entrar en el invernadero a finales de noviembre, con todas las 10.000 plantas que se han producido este 2025, es un verdadero deleite para los sentidos. Un mar de colores inunda cada rincón y bien merece la pena una visita.
























La planta detecta el cambio de horario ?????