La Vall de Gallinera acogió los días 7 y 8 de marzo el I Intercambio Cultural del Mediterráneo: Terra de retrobament, una iniciativa impulsada junto a Puigpunyent que ha servido para consolidar los lazos entre ambos municipios y actualizar, desde la emoción, la cultura y la convivencia, una relación histórica que se remonta a la repoblación mallorquina del siglo XVII.
El encuentro se celebró en un contexto meteorológico complicado. Durante toda la semana previa, el cielo condicionó la organización con previsiones cambiantes, viento intenso y amenaza de lluvia. En ese escenario, ayuntamientos, colectivos y entidades de uno y otro lado del mar fueron adaptando horarios, espacios y decisiones con un objetivo común: que el intercambio pudiera llevarse a cabo. Lo que estaba en juego no era únicamente una agenda de actividades, sino la posibilidad de volver a contar en voz alta una historia compartida.
En los días previos, la coordinación constante entre la Vall de Gallinera y Puigpunyent se tradujo en llamadas, mensajes y una logística construida desde la prudencia y la convicción. El momento que dio forma definitiva a todo ese trabajo previo fue la salida de la expedición mallorquina a bordo de un barco de Baleària, rumbo a un territorio mediterráneo donde la memoria sigue funcionando no solo como pasado, sino también como una forma de pertenencia.
En este punto, las instituciones organizadoras han querido subrayar el papel de la Fundación Baleària, cuyo respaldo ha acompañado desde el inicio el proyecto de hermanamiento y ha resultado clave para que esta tierra de reencuentro haya pasado de la intuición histórica a una experiencia compartida y tangible.
Aunque el tiempo fue adverso, el intercambio pudo desarrollarse gracias al esfuerzo colectivo, a la capacidad de adaptación de la organización y al respaldo del pueblo. La lluvia y el viento no deshicieron el programa; al contrario, reforzaron el valor de lo vivido. La presencia del público, la implicación de las entidades participantes y el compromiso de las personas voluntarias sostuvieron un fin de semana que dejó una idea clara: cuando la cultura arraiga en la comunidad, también sabe resistir a la intemperie.
La respuesta vecinal fue, de hecho, uno de los elementos más destacados del encuentro. En un tiempo marcado por programaciones fugaces, la imagen de un pueblo que aguanta el viento y la lluvia para defender su cultura y su memoria compartida adquirió un valor especialmente significativo.
Patrimonio, visitas y actuaciones para leer el territorio desde la historia común
El programa articuló un recorrido por distintos espacios patrimoniales y escénicos de la Vall de Gallinera. Entre los momentos más relevantes figuró la apertura del Centre d’Interpretació d’Art Rupestre de Benialí, así como la visita al Museu Etnològic l’Almàssera dels Moltó d’Alpatró.
También estaba previsto uno de los momentos más simbólicos del fin de semana: la observación de la Alineación Solar de la Foradà en el antiguo convento de Benitaia. Sin embargo, la falta de sol impidió que pudiera llevarse a cabo. Lejos de restar significado al encuentro, ese contratiempo terminó integrándose en el relato de una edición marcada por la adaptación continua a las condiciones meteorológicas.
El apartado escénico y festivo tuvo su epicentro en el Centre Social Joan Pellicer, donde música, narración popular y celebración compartida transformaron el hermanamiento en una experiencia viva, participada y con fuerte carga simbólica.
La memoria mallorquina de la Vall, del archivo a la experiencia viva
Uno de los ejes de fondo del intercambio ha sido la relectura del territorio desde la memoria. En ese marco, la Unió Cultural d’Amics i Amigues de la Vall de Gallinera ha desempeñado un papel fundamental a la hora de recomponer y explicar la historia común entre ambos pueblos.
La huella de las familias mallorquinas que llegaron a la Vall tras la expulsión morisca sigue presente todavía hoy. Puede rastrearse en apellidos, nombres de partidas, calles, formas de hablar, costumbres, giros lingüísticos y en una sensibilidad compartida que el tiempo no ha borrado. Lo que podría parecer solo materia de archivo se ha revelado durante estos días como un testimonio vivo, presente en la identidad cotidiana del territorio.
El intercambio ha servido también para reforzar la idea de que el hermanamiento entre la Vall de Gallinera y Puigpunyent no responde a un gesto meramente protocolario. Se plantea, por el contrario, como una política cultural con proyección de futuro, capaz de convertir la memoria en una relación estable, de hacer del pasado una herramienta de desarrollo comunitario y de abrir oportunidades que trascienden lo simbólico.
Los ayuntamientos implicados han querido insistir en que este tipo de iniciativas no se limitan al terreno estrictamente cultural. También funcionan como espacios para compartir buenas prácticas, poner en contacto políticas públicas, intercambiar soluciones técnicas y abrir nuevas vías de colaboración con retorno cultural, económico y administrativo. En esa lógica, el hermanamiento aparece como una forma de crecer, aprender del otro, fortalecer redes y tejer vínculos duraderos entre pueblos que comparten pasado, pero también desafíos y posibilidades de futuro.
La edición de este año ha sido posible gracias a la implicación de los colectivos y entidades que han sostenido la programación. Entre ellos figuran el Grup Veus de la Tardor de Puigpunyent, la Escola Municipal de Música de Puigpunyent, la representación de la Llegenda del Bou d’Or de Puigpunyent, la Colla de Dimonis Gall de Foc de Puigpunyent, la Colla de Dimonis del Campello, las comisiones de fiestas de la Vall de Gallinera, la Unió Cultural d’Amics i Amigues de la Vall de Gallinera, la Batucada Beni-Batuka de la Vall de Gallinera y la Cooperativa de Cireres Montanya d’Alacant.
A todas ellas, así como a las personas que colaboraron en la organización, el montaje, la acogida y el desarrollo de los actos, las instituciones organizadoras han trasladado un agradecimiento expreso por haber dado cuerpo a una cita que ha combinado patrimonio, música, tradición oral, fiesta y convivencia.






