Cuando el mar sembraba miedo: los días en que los piratas atacaron Benissa
LaMarinaAlta.com
Buscador

Cuando el mar sembraba miedo: los días en que los piratas atacaron Benissa

Nàlia Arbona Larrosa

Periodista
19 de octubre de 2025 - 08:00

Caminar por las calles del casco antiguo de Benissa es sentir que las piedras guardan secretos. Uno no imagina que, hace cinco siglos, el enemigo llegaba por el mar.

En tiempos del Valiato de Dénia, después de la capitulación de la ciudad ante Pere Ximen Carroç en 1244, la Marina Alta se convirtió en una frontera viva. Las «Trobes de Mossén Jaume Febrer» ya hablaban de los benisseros como hombres de frontera, certeros con el arcabuz y la espada, tan valientes como el mismísimo capitán Trueno.

En el siglo XVI, la costa era un tablero de riesgo. Los corsarios norteafricanos acechaban desde el horizonte y los benisseros sabían bien lo que eso significaba: cautiverio, rescate o esclavitud. Para los piratas, un hombre de Benissa era una mercancía, y una mujer, un botín. Las crónicas evocan figuras casi legendarias como Úrsula Medina, la perla de Parcent, secuestrada en una de aquellas incursiones.

Caracolas, arcabuces y refugio en la iglesia

En aquellos años, el mar no traía turistas, sino humo. Cuando los centinelas divisaban las velas enemigas, las caracolas sonaban como sirenas de alarma y las «alimaras» —fuegos encendidos en lo alto de Bèrnia— avisaban a los pueblos del interior. Benissa, sin fortaleza propia, se defendía como podía: la iglesia actuaba de bastión improvisado y sus muros eran refugio contra los corsarios. En Calp, los ataques de 1637 fueron tan feroces que el pueblo entero huyó, y muchos de sus vecinos pasaron cinco años prisioneros en las mazmorras de Argel.

Pese al miedo, los benisseros no eran víctimas pasivas. Los documentos los describen como «gurkas peligrosos para los piratas». Hay historias tan feroces como absurdas: un calpino que arrancó la nariz a mordiscos a un turco y la vendió en València, o el baile de la villa que, escudo y lanza en mano, defendió a unas mujeres del campo antes de que Cervantes siquiera soñara con su Quijote.

El rescate y la deuda

El 20 de octubre de 1583, el notario Gaspar de Urteaga reunió a los vecinos en el salón del Consell. Doce benisseros habían sido secuestrados por el pirata Morato Arráez, y hacía falta dinero para su rescate: 3.700 ducados. Fue toda una colecta de solidaridad. El pueblo se endeudó con clérigos, abogados y con el propio cabildo de Sant Joan del Mercat de València. Los nombres de los que aportaron dinero aún resuenan en los archivos: Andreu Ivars, Joan Feliu, Úrsula Llopis y el rector Esteve Roig. Benissa entera, hipotecó su futuro para traerlos de vuelta.

Los testimonios de la época hablan sin rodeos: «Entraron moros y mataron tres o cuatro hombres». Los más viejos recordaban dos incursiones sangrientas. La Reial Audiència de València advertía la «necesidad de construir torres y murallas» para proteger Benissa, Teulada Moraira y Calp. Pero el dinero no bastaba, y las murallas tardaron en llegar.

El eco del miedo y la red de torres

A partir de los años treinta del siglo XVI, las incursiones se multiplicaron. El litoral era un queso lleno de agujeros y cada cala, una puerta abierta al peligro. De esa necesidad nacieron las torres de vigilancia que aún marcan el perfil de la costa: el Mascarat, Toix y Bèrnia. Desde ellas se encendían hogueras para avisar de un ataque, enlazando señales desde Dénia hasta Altea. Era una red de fuego y miedo, pero también de cooperación entre pueblos.

Los ventanales enrejados de las casas viejas de Benissa son testigos mudos de aquel tiempo. Cada hierro forjado y cada calle empedrada recuerdan que Benissa no siempre fue una postal tranquila. Hubo siglos en los que el mar rugía con violencia y las almenaras eran su respuesta.

Fuentes

  • Benissa y los piratas, Joaquín Borrell.
  • Tabla del rescate, Joan Josep Cardona.
  • Greus malifetes dels pirates a Benissa, Pere Maria Orts y Bosch.
  • La defensa del litoral de la Marina Alta al siglo XVI: arquitectura y control del territorio, Antonio Banyuls y Pérez.
  • La piratería y el corso en el litoral alicantino a finales de la Edad Media, José Hinojosa Montalvo.
  • Arxiu Municipal de Benissa.
Canal de Whatsapp Anúnciate al mejor precio Envía tu noticia
Deja un comentario
  1. patrick dice:

    Comment peut t-on être pro-palestinien quand on voit comment les Moros ont ravagé l’Espagne ???