Las obras que se hicieron en El Verger después de la riada de 2007 volvieron a ponerse a prueba diecinueve años más tarde. Durante la madrugada del lunes 19 de octubre, el río Girona alcanzó un caudal que hizo temer otra inundación de graves consecuencias, que sí se produjo en Els Poblets. En El Verger, los muros resistieron, los puentes permitieron el paso del agua y, al mediodía, buena parte de las calles afectadas del casco urbano ya estaban limpias. Pero a pocos kilómetros de esa imagen de normalidad, en zonas como Santa Fe, Sortanella o el Boticari, y debido a características totalmente diferentes, el agua seguía acumulada días después, con vecinos que todavía tenían dificultades en sus sus viviendas.
Esas dos realidades marcan el balance que hace Basili Salort, alcalde de El Verger, de la DANA Adam. «Toda la obra de infraestructura que se hizo en 2008 y 2009 ha funcionado. Ha sido una herramienta muy buena para evitar el desastre», sostiene. Salort no olvida a quienes impulsaron aquellas actuaciones. Reconoce el trabajo de la corporación municipal y de las administraciones de entonces porque, a su juicio, las mejoras han resultado decisivas. Pero tampoco olvida lo que sintió cuando, al amanecer del lunes, recibió el aviso de que una gran avenida de agua descendía por el Girona. «Todos sabíamos que podía pasar algo. Lo habíamos estado hablando durante varios días, pero no he pasado tanto miedo en mi vida».
De la vigilancia del Girona a los avisos puerta por puerta
La vigilancia del Girona había comenzado antes de que llegaran las horas más peligrosas. El Ayuntamiento disponía de información meteorológica, registros de estaciones y previsiones oficiales. Además, Salort explica que aproximadamente un mes antes del temporal se había celebrado una reunión del CECOPAL para revisar los protocolos de actuación ante inundaciones, con el asesoramiento de personas vinculadas a los servicios de emergencia. «Habíamos estado planificando, hablando de la preemergencia y revisando los planes. Pero cuando llega el momento, te quedas como paralizado. Entre todos, gracias a la actuación de la Policía Local, las brigadas municipales, personas de la corporación municipal y otras que colaboraron desinteresadamente, conseguimos ponerlo todo en marcha», explica.
El alcalde sitúa uno de los momentos decisivos alrededor de las 05:30 horas del lunes. «Pasé por el río y estaba bien. Llegué al Ayuntamiento, estaba encendiendo el ordenador y me llamó José Luis, que venía de Beniarbeig. Me dijo: «Oye, que va una lengua de agua hacia ahí». Volví a inspeccionar y el río ya estaba mucho más alto». La reacción fue inmediata. Salort se dirigió a las dependencias policiales y comenzó a movilizar los recursos municipales.
El aviso puerta por puerta y vecinos que intentaban salvar sus coches
El operativo tuvo que hacer frente a dificultades imprevistas. Según relata el alcalde, la sirena y el sistema de megafonía de uno de los vehículos empleados para los avisos no funcionaron, lo que obligó a reforzar la comunicación directa con los residentes. «La calle Argentina estaba a oscuras y fuimos avisando puerta por puerta», explica, en diversos grupos de personas a un lado y el otro del río.
Una de las situaciones que más tensión provocó fue encontrarse con vecinos que querían salir de sus casas para retirar los vehículos. Salort insiste en que aquellas decisiones podían haber tenido consecuencias graves. «Una cosa que tenemos que aprender es que no hay que bajar a sacar el coche, porque no sabemos qué puede pasar».
El alcalde comprende la preocupación por los bienes materiales, pero considera imprescindible reforzar la educación ciudadana sobre autoprotección. «Tenemos que volcarnos ahora en enseñar a las personas qué hacer en una emergencia y cómo proteger también a sus familiares y a quienes dependen de ellas». En este sentido, destaca que la Policía Local disponía de una relación actualizada de personas especialmente vulnerables. Esto permitió actuar con mayor rapidez en aquellos domicilios donde residían vecinos con necesidades de asistencia. «Fueron primero a atender a esas personas para subirlas a las plantas altas. También hubo familiares que se arriesgaron para ayudar a los suyos», relata.
El Girona llegó a desbordarse, pero la infraestructura resistió
La avenida alcanzó finalmente el casco urbano de El Verger, aunque el comportamiento del cauce fue muy diferente al que se había vivido durante la riada de 2007. «El río llegó a desbordarse, sí, pero fue sobre todo el agua que salpicaba al pasar por el puente. La estructura expulsaba agua con mucha fuerza y parte de ella salía hacia los lados. El puente no retuvo materiales y los muros nuevos funcionaron bien. No se desencajaron ni se produjeron problemas», explica. Entre los ejemplos destaca el puente de la calle de l’Almàssera, que resistió la avenida sin obstaculizar significativamente el paso del agua.
La limpieza de las zonas afectadas del casco urbano comenzó inmediatamente después de la crecida. Según el alcalde, al mediodía del propio lunes ya se habían limpiado y recuperado los principales pasos y calles afectados. «Limpiamos cuanto antes para que la gente tuviera la menor huella posible de lo que había pasado. Creo que todos tenemos ese trauma colectivo de la riada anterior y no queríamos que permaneciera esa imagen», señala.
Santa Fe y Sortanella: el agua todavía dificultaba el acceso a viviendas
La situación resultó distinta fuera del casco urbano. En sectores como Santa Fe y Sortanella, la acumulación de agua ha persistido durante los días posteriores a la DANA. El alcalde relaciona estas inundaciones con las extraordinarias precipitaciones registradas en el entorno de Pego y la Marjal, el aumento del nivel freático y las dificultades de desagüe de estos terrenos. «El agua aumenta porque además el río Molinell tiene dificultades para desaguar. Son terrenos de naturaleza marjalosa y están expuestos», explica.
En el momento de la entrevista el jueves 22 de octubre, Salort aseguraba que la situación comenzaba a mejorar después de la apertura de la salida del Molinell hacia el mar. «Ahora mismo el nivel está bajando. La garganta del río Molinell ya se ha abierto y estamos esperando que durante las próximas horas y los próximos días continúe descendiendo», señala.
El alcalde reconoce que esta acumulación resulta especialmente difícil de resolver de forma inmediata. «Drenar el agua es complicado porque está todo el campo inundado», afirma. Los terrenos afectados no presentan las mismas condiciones que una calle o un garaje donde puede intervenir directamente una bomba de achique: el agua ocupa amplias superficies y su evacuación depende también de la evolución del nivel general de la marjal.
Compras a los vecinos y voluntarios para cuando baje el agua
Mientras persisten las dificultades de acceso, el consistorio ha organizado asistencia directa a los residentes. «Lo que hemos hecho es ayudarles a llevar víveres, a hacer la compra. También hemos estado pendientes por si hacía falta llevarlos al médico, aunque creo que no ha sido necesario», detalla.
El siguiente paso será facilitar la retirada de enseres y residuos cuando el agua permita trabajar con mayor seguridad. «Llevaremos contenedores y tenemos preparado un campo donde poder acumular los residuos que haya que retirar y hacernos cargo de ello», explica. Además, un grupo de voluntariado movilizado durante la DANA permanece disponible para colaborar en estas zonas. «Ya hemos avisado para que, cuando se pueda acceder, vayan a echar una mano. La gente está preparada y esperando para ayudar».
«El Boticari tiene un problema de canalizaciones del alcantarillado que estamos intentando solucionar desde 2018»
Otra de las cuestiones que aborda el alcalde es la situación de los espacios que sufren inundaciones recurrentes, especialmente El Boticari y El Bassot. En estas zonas, explica, las condiciones naturales del terreno se combinan con los efectos de la urbanización y las dificultades de drenaje.
«En Santa Fe todavía hay terreno que puede absorber agua, pero en El Boticari está todo colmatado, el asfalto no deja absorber. Además del nivel freático, tienen un problema de canalizaciones del alcantarillado que estamos intentando solucionar», afirma. Según Salort, el Ayuntamiento lleva desde 2018 impulsando un proyecto para mejorar estas infraestructuras. Asegura que la propuesta se encuentra próxima a recibir la aprobación inicial, aunque todavía no puede concretar una fecha de ejecución.
En el caso de El Bassot, el alcalde es especialmente crítico con la ocupación urbanística de terrenos expuestos a inundaciones. «El error principal fue haber permitido construir ahí, y sobre todo construir sótanos, cuando el nivel freático está a medio metro o a un metro», sostiene. Explica que algunas propiedades sufren problemas de agua de manera habitual y que, aunque se hayan instalado sistemas de bombeo, estos no siempre consiguen evitar las inundaciones.
El alcalde considera necesario reconocer las particularidades de estas zonas para plantear soluciones ajustadas a su funcionamiento hidráulico. Al mismo tiempo, insiste en que el Ayuntamiento debe atender a quienes residen allí y buscar mejoras que reduzcan las consecuencias de futuros episodios de lluvias.
La antena municipal y algunos vestuarios, entre los pocos daños en instalaciones públicas
Salort sostiene que, a diferencia de los daños sufridos en algunas propiedades particulares y zonas inundables, las infraestructuras públicas de El Verger no han registrado desperfectos de gran envergadura. Entre las incidencias menciona la caída de una antena de telecomunicaciones del Ayuntamiento como consecuencia del temporal y la entrada de agua en algunos vestuarios del campo de fútbol. También quedaron cañas acumuladas en la zona del renovado Punt Jove.
Nuevos puentes y la retirada de cañas del Girona: las obras que reclama El Verger
Más allá de la recuperación inmediata, el alcalde identifica varias infraestructuras que considera necesario mejorar. Una de ellas es el puente más próximo a Els Poblets, construido sobre apoyos de la antigua vía ferroviaria. Salort plantea sustituir o ampliar esta estructura para mejorar su comportamiento ante futuras avenidas. «Y en el de la calle Forn necesitamos hacer un puente nuevo que no tenga un pilar en medio», explica.
Otra de las grandes reclamaciones afecta al cauce del río Girona. El alcalde asegura que El Verger y Els Poblets llevan tiempo solicitando a la Confederación Hidrográfica del Júcar actuaciones de mayor alcance para retirar las cañas y avanzar en la renaturalización del río. «Necesitamos que se eliminen las cañas hasta el mar. Hace aproximadamente un mes estuvimos reunidos precisamente para hablar de este tramo y del que va desde Els Poblets hasta la desembocadura. Necesitamos una erradicación completa de las cañas», afirma.
Salort valora positivamente las intervenciones de renaturalización ejecutadas en determinados tramos, donde se ha sustituido parte de la vegetación invasora por otras especies autóctonas. Sin embargo, considera que el ritmo de actuación debe acelerarse. El alcalde incluye entre sus prioridades revisar también las condiciones del barranco de Portelles.
«Somos prácticamente el mismo pueblo»
La conversación adquiere un tono especialmente cercano cuando Salort habla de Els Poblets. Más allá de la coordinación entre administraciones, destaca la relación personal y la solidaridad que une a ambas localidades. «Además de la buena sintonía y la amistad que tenemos José Luis y yo, desde el primer momento hemos estado con ellos».
El Verger puso a disposición de su vecino recursos policiales, vehículos, brigadas y otros medios municipales en función de las necesidades. Es que somos prácticamente el mismo pueblo», resume. Pero Salort insiste en que la mayor muestra de solidaridad llegó de los propios vecinos, muchos de los cuales acudieron por iniciativa propia a colaborar en las tareas de limpieza. «Quiero agradecer y felicitar a todas esas personas, sobre todo a la gente joven», relata.
El recuerdo de 2007 y la necesidad de aprender a convivir con el riesgo
El Verger sufrió en 2007 una de las riadas más graves de su historia reciente. Para Salort, la experiencia fue determinante para impulsar las obras y los planes de emergencia que han resultado fundamentales en esta ocasión. Sin embargo, cree que no basta con haber mejorado las infraestructuras. Las nuevas condiciones meteorológicas, sostiene, obligan a reforzar también la preparación individual y colectiva. «Estamos en una época completamente nueva, con escenarios cada vez más inciertos. Tenemos que estar preparados, protegernos y cuidarnos unos a otros», afirma.
Salort considera que los episodios extremos pueden volver a producirse y que ninguna administración puede garantizar la desaparición total del riesgo. Por eso defiende combinar obras preventivas, planes de emergencia y formación ciudadana para actuar correctamente cuando se recibe una alerta. «Esto puede pasar más veces. No podemos garantizar de ninguna manera que no vuelva a suceder. Lo que sí tenemos que hacer es trabajar día a día para contar con las herramientas y los protocolos que nos permitan reaccionar de la manera más rápida posible», concluye.




















