¿Qué está pasando en Pego? Del auge de los grupos valencianos al impulso de los proyectos en solitario
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¿Qué está pasando en Pego? Del auge de los grupos valencianos al impulso de los proyectos en solitario

Nàlia Arbona Larrosa

Periodista
01 de marzo de 2026 - 08:00

Durante años, cuando se hablaba de Pego en el mapa musical valenciano, el relato se escribía en plural, como si el pueblo tuviera una voz coral que sonaba desde distintos escenarios a la vez. Se hablaba de grupos, de escenas compartidas, de una forma de entender la música que nacía del conjunto y crecía en comunidad.

De allí salieron formaciones como La Gossa Sorda, Smoking Souls y Reacció, proyectos que situaron al municipio en el circuito valenciano y que consolidaron una identidad musical reconocible. Pego no era solo un lugar de origen: era un punto de encuentro, un taller de canciones colectivas.

Hoy, sin embargo, el paisaje parece haber cambiado de encuadre.

Los nombres que ocupan el primer plano ya no son grupos sino proyectos en solitario: Quinto, Romàntic Dimoni, Drasen, Pep de la Tona -este último, que pese a funcionar como conjunto, se identifica bajo un nombre propio- . El plural se ha convertido en singular. ¿Se trata de un relevo generacional o de una transformación más profunda en la forma de crear y producir música? ¿Es el auge de las identidades individuales una respuesta al contexto digital o una evolución natural tras años de trayectoria compartida?

Del «nosotros» al «yo»

«Hay más individualismo, ya no hay tantos grupos como antes», señalaba Josep Nadal (Pep de la Tona) en una entrevista en Onda Cero, al analizar la situación actual de la escena valenciana. La frase funciona casi como un diagnóstico: menos formaciones estables, más proyectos firmados con nombre propio.

Pero, ¿es realmente individualismo en sentido ideológico o estamos ante una nueva arquitectura del trabajo creativo?

Muchos de los artistas que hoy encabezan propuestas personales proceden de experiencias colectivas. Carles Caselles fue vocalista de Smoking Souls antes de iniciar su etapa como Romàntic Dimoni. Quinto y Drasen formaron parte de Reacció; Drasen también integró La Fumiga. Pep de la Tona retoma la actividad musical con el regreso de La Gossa Sorda tras su etapa política.

No son trayectorias que comiencen desde cero. Son caminos que se bifurcan. El escenario ya lo conocen; la diferencia es la firma al pie del cartel.

¿Es una cuestión de autonomía artística? ¿De control creativo? ¿De adaptación a una industria que visibiliza mejor los nombres propios que las estructuras colectivas?

La paradoja del individualismo colectivo

A pesar de tratarse de proyectos personales, varios de estos artistas subrayan la dimensión colaborativa de su trabajo. Quinto lo expresaba con claridad: «El proyecto lleva mi nombre, pero hay un buen número de grandes profesionales detrás». El nombre en solitario, entonces, no elimina el equipo; lo reorganiza.

Detrás de cada lanzamiento hay productores, directores artísticos, realizadores, técnicos. Hay una red que sostiene la propuesta aunque el foco apunte a una sola persona. ¿Es el solista la cara visible de un proceso igualmente colectivo?

Carles Caselles ha defendido en entrevistas, como en la entrevista de Propaganda pel Fet, «que su alter ego, Romàntic Dimoni, nace de la convicción de que la ternura también es política y de que la libertad, si no es compartida, no es libertad». El proyecto puede ser unipersonal en lo formal, pero su discurso apunta hacia lo común, hacia lo colectivo, hacia la necesidad de vínculos en tiempos de fragmentación.

También destaca la importancia de la producción audiovisual en esta nueva etapa. Videoclips trabajados con mimo, direcciones artísticas coherentes, vestuarios pensados como extensión del discurso musical. En lanzamientos recientes de Drasen, por ejemplo, cada plano parece responder a una intención narrativa; cada decisión estética construye identidad.

Quizá la pregunta inicial —¿qué está pasando en Pego?— no tenga una respuesta cerrada ni una etiqueta definitiva. Tal vez no se trate de un boom en sentido clásico, ni de una ruptura radical con el pasado, sino de una mutación silenciosa: la misma energía creativa que antes se expresaba en plural ahora adopta el singular sin abandonar del todo la raíz compartida.

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