Los viajes de presidente Alejandro Lerroux a Sagra y la Marina Alta
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Los viajes de presidente Alejandro Lerroux a Sagra y la Marina Alta

J. Justo Moncho

Periodista
29 de agosto de 2021 - 12:02

Aunque no naciera en la Rectoría (La Marina Alta), el político Alejandro Lerroux García, persona que fue Presidente del Gobierno de la nación en varios gobiernos radicales del Segundo Bienio o Bienio Radical-Cedista (1933-1935), debemos destacarlo por su notoriedad en ella en su momento, así como por su personalidad y relación con la familia Ballester Albiñana de Sagra.

Lerroux desempeño las facetas de periodista, político y abogado. Fue un político de ideas progresistas que iniciaría su carrera en 1901 junto a su amigo Nicolás Salmerón como cofundadores del Partido Unión Republicana, lo que le posibilitaría que fuese designado diputado en 1905, hasta que el cofundador Nicolás Salmerón abandonara el partido en 1906 para incorporarse a la coalición Solidaridad Catalana.

La defección de Salmerón hacia la coalición Solidaridad Catalana, llevó a Lerroux a separarse y formar en 1907-1908 el Partido Republicano Radical. Creando en Barcelona la primera Casa del Pueblo dedicada a prestar asistencia jurídica, económica y educativa a los obreros y encabezando la lucha contra el creciente nacionalismo catalán.

Fue un orador brillante y eficaz, especialmente conocido por su retórica demagógica desde sus inicios políticos, aunque pronto empezó a vivir fuera de la ley. Sus discursos y mítines de naturaleza política eran recibidos con gran entusiasmo, pero muchos de sus mensajes fueron condenados por los tribunales, por lo que tuvo que exiliarse en varias ocasiones, primero para escapar a la condena dictada por alguno de sus artículos y más tarde huyendo de la represión gubernamental.

Estos escándalos y otros de corrupción como el que salpicó definitivamente al gobierno de Alejandro Lerroux, fue el descrito anteriormente y aireado por la prensa con el nombre del “Caso del estraperlo”, que dio pie a un negocio fraudulento y al enriquecimiento de algunos personajes de su entorno. Todo ello, propiciaría que fuera detenido y cumpliera condena por los mismos o tuviera que escapar para exiliarse o esconderse en las poblaciones de Biarritz (Francia), en Sagra (Alicante), así como en Argentina y otras naciones, de donde solía regresar en virtud de indultos. Durante su estancia en la población de Sagra, estuvo alojado en el domicilio familiar de D. Eduardo Ballester Albiñana.

Aprovechando la revuelta de la Semana Trágica de Barcelona acontecida entre el 25 de julio y el 1 de agosto de 1909, retorna a España e ingresa en la coalición Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvería a ser elegido diputado en 1910. Inesperadamente, a pesar de no haber terminado sus estudios de bachillerato, consiguió a los 58 años de edad aprobar de una vez todas las asignaturas con nueve matrículas de honor, en un solo día y en un único examen, la carrera de Derecho en la Universidad de La Laguna de Canarias, peculiar forma de obtener la Licenciatura que le convertía en togado.

A partir de 1923, se convierte en uno de los más feroces opositores a la dictadura del General Primo de Rivera. Posteriormente, y ya como ministro de Estado en el primer Gobierno provisional de la Segunda República Española, participó enérgicamente en el comité revolucionario que propició el derrocamiento de Alfonso XIII. Fue tres veces presidente del gobierno entre 1933 y 1935 y ocupó carteras ministeriales tan destacadas como la de Guerra en 1934 y la de Estado en 1935.

En su faceta de periodista, practicó un periodismo demagógico y agresivo en las diversas publicaciones que dirigió. Inicia su carrera en 1888 en el periódico republicano El País, periódico en el que llegaría a ser director. También dirigiría los periódicos: El Progreso, La Publicidad, El Intransigente y El Radical. Entre sus publicaciones más significativas podemos destacar: “La pequeña historia de España”; “Al servicio de la República” y “Mis memorias”, publicadas en 1962. En libro “Mis memorias”, Lerroux describe sus andanzas y correrías en la población de Sagra (Alicante) y demás de la Rectoría durante su visita o exilio de 1886.

Pero la peculiar personalidad del polifacético Alejandro Lerroux García, arraigo en los pueblos de la Rectoría, y posiblemente, a causa de las ideas políticas y/o influencias que Lerroux dejara en sus visitas a Sagra en 1886 y posteriormente en 1910, se constituyeron en 1932 las agrupaciones del Partido Republicano Radical en los pueblos de la Rectoría dependientes del Partido Republicano Radical que en 1907 Alejandro Lerroux organizó en Alicante.

Las Juntas Directivas de los pueblos de la Rectoría quedaron constituidas por: Sanet y Negrals, Presidente Tomás Mut y Secretario José Mengual; Benimeli, Presidente Vicente Perelló y Secretario Miguel Ginestar; Ràfol d´Almunia, Presidente José Lull Sentí y Secretario Gregorio Puchol Rovira; Tormos, Presidente José Mª Villagrasa Ginestar y Secretario Fabián Peretó Peretó; Sagra, Presidente Eduardo Ballester Pavía, “abogado” y Secretario Alfredo Pavía Pastor.

Al estallar la Guerra Civil, Lerroux se vio obligado a exiliarse a Portugal, regresando a España en el año 1947. Alejado ya de la vida pública y totalmente desacreditado, falleció en Madrid el 27 de junio de 1949.

Relación de los Ballester Albiñana de Sagra con Alejandro Lerroux García

Alejandro Lerroux describe que, intentando escapar de las autoridades de Madrid que lo buscaban, realiza en 1886 su primer viaje a Sagra. El proceso de su fuga, expulsión o destierro, lo describe en las páginas 149–159 de su libro “Mis memorias”, en el mismo, realiza una breve descripción su visita a la población de Sagra para esconderse o exiliarse.

En la mencionada publicación, Lerroux detalla su viaje a Sagra y las anécdotas acontecidas en el pueblo con sus vecinos. También describe la cordial relación que mantuvo con la familia Ballester Albiñana, Vicente Catalá Moll “Vicentet dels bous”, con Ángel Pavía Pastor “practicante-barbero”, con el párroco Francisco Selles y demás vecinos del pueblo.

El licenciado Joaquín Ballester Albiñana, era el mayor de los hermanos Ballester Albiñana. Inició la carrera militar del Ejército de Tierra en Sevilla y Melilla. Con la graduación de sargento coincidió con el cabo Alejandro Lerroux García, en el regimiento, batallón y compañía de Melilla. Poco tiempo después, desengañado de la vida castrense, Joaquín volvió a Sagra en 1885 y al año siguiente recibiría la visita de Lerroux, político que pasaría prácticamente un año con su familia en el pueblo. Joaquín fallecería tres años después.

Texto literal abreviado de las páginas 149 a la 159 del libro Mis Memorias

“En sus Memorias, Lerroux expresa: que era poco aficionado a la carrera de las armas, se licenció con los de su quinta y se quedó unos meses en Madrid, pero fue retenido tal vez por “unas faldas de percal planchao”.

Cuando recibió del señor Lahoz el encargo de desaparecer, reflexioné sobre mi situación y decidí salir de Madrid. Entonces recordé a mi amigo el sargento Joaquín Ballester Albiñana, con quien mantenía correspondencia y me había invitado varias veces a pasar una temporada con él en su pueblo natal de Sagra.

Lo recordé y le anuncié mi viaje avisándole que en adelante me llamaría Emilio Carreró y no Manuel García. Ya que me había llegado a creer, después de mi brillante intervención en el movimiento militar de Villacampa, que el Gobierno debería estar procurando detenerme a toda costa, y si me detenía la policía, ¿cuál sería mi final?

Emilio Carreró me dio su cédula, su licencia y su pequeña maleta con sus iniciales. Me acompañó a la estación de Atocha y todavía veo su figura varonil diciéndome adiós en el andén. No volví a verle ni logré encontrar su pista cuando regresé a Madrid.

¡Buen viaje el de Madrid a Carcagente! En Aranjuez salió a saludarme un coronel de Carabineros retirado, gran conspirador zorrillista. En los restaurantes de las estaciones de Chinchilla y Almansa fui yo el que bajó a saludar a dos camareros, correligionarios, agentes de enlace del Partido Progresista.

A Carcagente se llegaba a la hora del desayuno. Lo primero que vi fue un mutilado arrastrando el tronco en un carretón con ruedas, que me pedía limosna: “Siñoret, mire quina llástima”; ¡tota la vida a revolcons! Yo no sabía una palabra de valenciano, pero aquello era fácil de traducir. Tiene fama aquella estación por las tortillas, las butifarras y las chuletas asadas a la parrilla que se preparan en el acto y a la vista del consumidor.

Excusado es decir que los sobresaltos no me habían quitado el apetito. Arranca de allí el tren de vía estrecha que entonces moría en Dénia y luego ha continuado por la costa hasta Alicante. Nada más pintoresco que esa ruta, ni más ameno, ni más alegre. Alternan las huertas de naranjos con los arrozales, los olivos con los algarrobos. El tren pasa rozando las arboledas de tal modo, que desde la ventanilla he podido coger naranjas algunas veces. Jaraco, Jeresa, Gandía, el pequeño balneario del Molinell Vergel. Allí terminaba mi recorrido por la vía férrea.

Desde allí, en una poderosa y paciente burra para transportar el equipaje, marché a pie por Sanet y Negrals, Benimeli, Ràfol de Almunia a Sagra. En Sagra me esperaba mi amigo Joaquín Ballester Albiñana, su madre Rosa y sus hermanos Eduardo y Pedro.

Sagra es un pequeño pueblo encantador. No tiene río, no tiene bosque, no hay ruinas históricas en su término municipal y, sin embargo, se vive a gusto en aquella aldea. Vegeta a la sombra de un alto monte, Cabal, y desde su altiplano se domina un vasto panorama que se desarrolla en unos cuantos kilómetros de un valle ancho y risueño que baja en suave declive hasta el mar, cuya costa se interrumpe por el macizo gigante del Montgó, que recoge en su falda el blanco caserío de la linda ciudad de Dénia. Sigue…”

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Clasificado en: Sociedad
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