La celebración de la Nochevieja dejó tras de sí un eco que no se apaga cuando termina la fiesta. En la comarca de la Marina Alta, varios perros, aterrorizados por el estruendo, huyeron de sus hogares en medio de las campanadas. A día de hoy, algunos siguen sin aparecer, y sus familias viven una incertidumbre dolorosa.
El episodio, repetido en pueblos y ciudades de todo el país, expone la cara visible de un problema más profundo: el severo sufrimiento que la pirotecnia inflige a animales y a personas vulnerables, convirtiendo lo que para unos es una celebración en una auténtica pesadilla para otros. Hablamos con Rosa Más, biológa y representante de la Asociación Defensa Animal.
La biología del terror: por qué un «¡bang!» es mucho más que un ruido
Comprender la magnitud del impacto de la pirotecnia exige mirar a la base biológica del miedo. La reacción de muchos animales no es un capricho ni un susto pasajero: «es un episodio de terror extremo con consecuencias fisiológicas y psicológicas. Lo que para un humano es un sonido fuerte, para un animal puede convertirse en una experiencia que desencadena instintos primarios de supervivencia» comenta la bióloga.
Un estruendo físicamente dañino
El impacto del ruido en la fisionomía animal, especialmente en los perros, es directo. Su capacidad auditiva es mucho más sensible que la humana, por lo que los petardos se convierten en un estruendo «ensordecedor». Según advierten expertos, «existe un riesgo real de que la violencia de la onda sonora les pueda reventar los tímpanos, provocando un daño físico irreparable más allá del trauma psicológico» explica Rosa Más.
La tortura de la incertidumbre
El componente psicológico agrava el sufrimiento. A diferencia de fenómenos naturales como una tormenta —asociable a estímulos conocidos como lluvia o viento—, la pirotecnia es un caos incomprensible: «el animal no entiende qué es el ruido, por qué se produce ni, sobre todo, cuándo va a terminar».
A diferencia del estruendo momentáneo de un trueno, el daño aumenta por ser «un estrépito continuado en el tiempo, una amenaza sin fin aparente». Esa falta de contexto puede sumir al animal en un estado de «paroxismo y terror absoluto, cuya respuesta instintiva es huir despavoridos de una amenaza invisible e impredecible».
La experta Rosa Más lo explica así: «Ellos solamente están oyendo el ruido. Ellos no tienen consciencia de que luego eso tiene una duración limitada en el tiempo […]. No saben lo que es, no saben cuándo va a parar, es algo que solamente les produce terror».
Consecuencias fatales
La huida descontrolada, provocada por el pánico, a menudo tiene un desenlace trágico. En su desesperación, los animales se exponen a peligros mortales que no perciben mientras intentan escapar.
- Muerte súbita por infarto o parada cardíaca debido al estrés extremo.
- Accidentes graves durante la fuga: quedar enganchados en verjas o sufrir caídas desde balcones y otros lugares elevados.
- Atropellos en calles y carreteras al correr sin rumbo.
Del caso doméstico al problema colectivo
El impacto de la pirotecnia no se detiene en los animales de compañía. Su onda expansiva alcanza a la fauna silvestre, a colectivos humanos y al entorno, y revela un problema de convivencia y salud pública más amplio.
La onda expansiva: víctimas silvestres, humanas y medioambientales
Aunque el sufrimiento de perros y gatos es el más visible, la pirotecnia genera un daño colateral significativo que afecta a ecosistemas enteros y a los miembros más sensibles de nuestra sociedad.
Impacto en fauna silvestre
Los animales silvestres, especialmente las aves, «son víctimas silenciosas de las celebraciones ruidosas». El estruendo repentino y prolongado provoca desorientación, pánico y taquicardias. Tras grandes eventos pirotécnicos —como las Fallas— no es infrecuente encontrar aves muertas en parques y calles, víctimas del estrés o de colisiones durante su huida nocturna.
Sufrimiento humano ignorado
El ruido no es universalmente festivo. Para personas en el espectro autista o con hipersensibilidad sensorial, cada explosión es un «suplicio». «Aunque puedan saber racionalmente que el ruido es limitado, esa conciencia no mitiga el impacto físico y emocional, y convierte periodos festivos en una fuente de ansiedad y reclusión» nos explica la bióloga.
Contaminación tras el humo
Cuando el humo se disipa, permanecen residuos. La combustión de fuegos artificiales libera contaminantes perjudiciales para la salud y el medio ambiente:
- Metales pesados: componentes como aluminio y magnesio se dispersan en el aire y acaban depositándose en suelo y agua.
- Material particulado fino: partículas microscópicas que pueden inhalarse profundamente, agravando afecciones respiratorias y afectando también a animales.
El debate: tradición contra empatía
En el corazón del conflicto late una tensión: el arraigo cultural frente al conocimiento científico y ético sobre el daño que causa la pirotecnia sonora. Rosa Más: «La discusión ya no es si molesta, sino si una forma de ocio puede justificar un sufrimiento demostrado».
El argumento ético central
La bióloga, experta en el impacto de la actividad humana sobre la fauna, resume el dilema con una idea: «el gusto personal no puede estar por encima del bienestar ajeno». Su postura no parte de un rechazo a la fiesta: integra experiencia personal y evidencia científica en defensa de una evolución responsable de las tradiciones.
En sus palabras: «A mí me gusta la pirotecnia, me gustan los castillos, me gusta el ruido… fui fallera. Pero no puede ser que el gusto personal esté por encima del bienestar ajeno. Si algo que a mí me gusta… causa daño a otras personas y a otros animales, lo que hay que hacer es suprimirlo».
Falsas soluciones y nuevos riesgos
Algunos municipios han optado por trasladar los castillos a las afueras, pero la experta lo califica de «casi peor». La medida no elimina el problema: lo desplaza y abre dos frentes de riesgo:
- Impacto en fauna silvestre: alejar el ruido del centro lo acerca a hábitats de animales menos habituados a la perturbación humana.
- Riesgo de incendios: lanzar artefactos incandescentes en periferias con vegetación puede aumentar el peligro de incendio forestal.
La dificultad de cuantificar el drama
Un obstáculo para visibilizar la magnitud es la ausencia de datos oficiales. No existe un «censo oficial» de animales desaparecidos o fallecidos por pirotecnia. El conocimiento se apoya en informes anecdóticos de protectoras, veterinarios y propietarios. «Esa falta de estadísticas complica políticas públicas, pero no invalida un sufrimiento que se constata cada año», explica Rosa Más.
Hacia soluciones
Frente a este panorama, la tecnología y la creatividad plantean alternativas que permiten reimaginar la fiesta sin renunciar al espectáculo.
El futuro del espectáculo: celebrar sin daño
La innovación ofrece una salida al dilema entre tradición y bienestar. La sociedad puede conservar la espectacularidad y la magia eliminando el miedo y la contaminación asociados a la pirotecnia tradicional. «Se trata de una evolución, no de una renuncia», afirma Más.
Alternativas tecnológicas
- Pirotecnia silenciosa: mantiene colores y luces, diseñada para eliminar o reducir drásticamente el estruendo y centrar la experiencia en lo visual.
- Espectáculos de drones: flotas coordinadas con luces LED dibujan figuras y patrones en un «ballet» aéreo silencioso de alta tecnología.
- Hologramas tridimensionales: proyecciones de gran formato con imágenes gigantes y 3D, descritas como «fantástico» y «precioso» en un espectáculo en Castellón. La tecnología permite crear desde castillos virtuales hasta cualquier escena imaginable sin impacto negativo.
Un llamado a la convivencia
La clave, según la experta, es usar el talento humano y la tecnología para crear «espacios de convivencia»: decisiones conscientes que prioricen prácticas no perjudiciales.
Consejos prácticos para mitigar el daño cuando no puede evitarse el ruido
- Aislar y enmascarar: habilitar una habitación interior, cerrar ventanas y poner música o televisión a volumen moderado para enmascarar el ruido.
- Refugio temporal: trasladar al animal a una residencia canina o a casa de un familiar en una zona alejada durante los momentos de mayor estruendo.
- Remedios naturales: algunas personas recurren a flores de Bach para relajar a sus mascotas, aunque la eficacia puede variar significativamente.
La evidencia expuesta describe un coste elevado de la pirotecnia sonora: daño a animales domésticos y silvestres, sufrimiento de personas con hipersensibilidad, y contaminación por metales pesados y material particulado fino. Con alternativas ya existentes —drones, hologramas y pirotecnia silenciosa—, la solución planteada no es acabar con la fiesta, sino transformarla. El debate, reforzado por la falta de un censo oficial y por casos como el de la Marina Alta tras Nochevieja, apunta a una exigencia social: que la alegría de unos no se construya sobre el terror de otros.











Ojalá el ayuntamiento tome buena nota y utilice lya as alternativas en las próximas fallas.Así estaremos todos contentos.y seremos más amigables con el planeta.
Mi hija de pequeña nunca pudo disfrutar de una cabalgata de reyes ya que tenia panico a los cohetes y no salia de casa.
No se ahora, pero hace unos años la cabalgata la precedia una persona que lanzaba cohetes de esos que explotan al aire con gran estruendo.
Si pensando en los animales se elimina esta practica de echar cohetes bienvenido sea.
Los que tiran los petardos tendrian que tiranlos dentro de sus casas, y si es dentro de su cama mejor, asi verian la gracia que les hace a las personas y a los animales escuchar es estruendo que hacen.
Other countries are slowly moving towards more drones and less fireworks. It is actually more entertaining and videos can be found of some amazing shows from around the world. They are more awe-inspiring, silent, and non-polluting. The building-rattling explosions during Fallas is not something I want to experience again.