La industria de la Marina Alta busca trabajadores y no los encuentra: los perfiles más demandados
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La industria de la Marina Alta busca trabajadores y no los encuentra: los perfiles más demandados

Itsaso Aurrekoetxea Jover

Periodista
23 de agosto de 2026 - 08:00

La industria de la Marina Alta tiene un problema que va más allá de su reducido peso en la economía comarcal. Hay empresas que necesitan incorporar trabajadores y tienen dificultades para encontrar los perfiles adecuados. Soldadores, electromecánicos, técnicos de mantenimiento, caldereros, matriceros, programadores de PLC, especialistas en costura industrial, carpinteros o profesionales vinculados a la agroindustria aparecen entre las necesidades detectadas por el diagnóstico del proyecto Indústria Ocupa, impulsado por CREAMA y PACTE’MA.

El documento, elaborado a partir de datos estadísticos, reuniones con agentes del territorio, entrevistas a empresas, centros formativos y Agentes de Desarrollo Local, además de diversos grupos focales, habla de «vacantes estructurales» que pueden comprometer la competitividad de las empresas locales.

No significa que exista un número determinado de ofertas abiertas para cada uno de esos puestos. El estudio no cuantifica cuántas vacantes hay actualmente ni aporta salarios por profesión. Lo que sí identifica es una demanda reiterada de determinados perfiles y una dificultad compartida por empresas de distintos ámbitos para encontrar personal en la comarca.

Del metal a la automatización: los perfiles que más se buscan

Las necesidades se concentran especialmente en puestos técnicos y oficios especializados. En el ámbito del metal y la transformación industrial aparecen soldadores, caldereros, matriceros y oficiales de carpintería metálica. Son profesiones que requieren conocimientos específicos y en las que las empresas detectan problemas de relevo.

Otro de los bloques destacados es el mantenimiento industrial. El diagnóstico recoge demanda de electromecánicos y técnicos de mantenimiento, perfiles necesarios para reparar, conservar y garantizar el funcionamiento de maquinaria e instalaciones.

A ellos se suman los profesionales relacionados con la automatización. Las empresas mencionan la necesidad de programadores de PLC, es decir, profesionales capaces de programar y controlar sistemas y máquinas industriales automatizadas, así como técnicos con capacidad para trabajar con robots y procesos industriales.

La falta de personal también aparece en actividades menos asociadas socialmente a la imagen de una fábrica. El estudio identifica demanda en costura industrial y confección técnica, marroquinería, carpintería y agroindustria, con perfiles como enólogos o especialistas ligados a determinadas producciones alimentarias. También se mencionan operarios de maquinaria y producción vinculados a industrias como el plástico, la química o el textil. El documento también incluye entre las necesidades algunos oficios tradicionales y profesionales vinculados a la carpintería, la fontanería o la construcción.

El resultado es un mercado laboral industrial muy fragmentado. No existe un único oficio que concentre todas las necesidades, sino una suma de especialidades difíciles de cubrir.

No basta con tener un título

Las dificultades señaladas por las empresas no terminan en la especialización técnica. El diagnóstico detecta también carencias en conocimientos que deberían servir de base para incorporarse a muchos de estos puestos. Entre ellas aparecen matemáticas aplicadas, cálculo elemental, geometría, interpretación de planos, informática, ofimática y manejo de herramientas digitales.

Según las empresas del estudio, esas carencias pueden dificultar incluso la incorporación a puestos iniciales, especialmente cuando el trabajador tiene que manejar maquinaria de precisión o interpretar instrucciones técnicas.

Pero el estudio añade otra variable que las empresas consideran determinante: la actitud. Los responsables empresariales consultados, cuyas reflexiones se recogen en el diagnóstico de Indústria Ocupa, conceden especial importancia a la responsabilidad, la puntualidad, el trabajo en equipo, la autonomía, el compromiso y las ganas de aprender. El diagnóstico lo resume bajo una idea de «actitud frente a aptitud».

Empresas dispuestas a enseñar el oficio desde cero

La falta de profesionales preparados está obligando a algunas empresas a asumir directamente la formación. Según las entrevistas recogidas en el diagnóstico, parte del empresariado prefiere incorporar trabajadores con conocimientos generales suficientes y enseñar después los procedimientos específicos de cada oficio o maquinaria.

La formación interna se ha convertido así en una estrategia para cubrir puestos que el mercado laboral no proporciona preparados de antemano. Pero formar dentro de una empresa tiene un coste. El estudio pone como ejemplo la sombrerería. La formación de un artesano puede requerir entre seis y ocho meses de dedicación interna. Para una pequeña empresa, dedicar durante meses a un trabajador experimentado a enseñar a otro supone tiempo y recursos.

Por eso el compromiso del nuevo empleado adquiere tanta importancia. La empresa puede asumir el aprendizaje técnico, pero quiere reducir el riesgo de que, después de meses de formación, el trabajador abandone el puesto. Esta situación resulta especialmente relevante en una comarca en la que predominan las microempresas y pymes. Una gran compañía puede disponer de departamentos específicos para formar personal. Para un taller con pocos trabajadores, el esfuerzo es proporcionalmente mucho mayor.

Los mayores de 45 años aparecen como una opción para algunas empresas

Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo de campo afecta a un colectivo que habitualmente encuentra más dificultades para reincorporarse al mercado laboral. El diagnóstico señala que algunas empresas están priorizando la contratación de personas mayores de 45 o 50 años, incluidos autónomos o trabajadores procedentes de otros sectores.

El motivo que trasladan las compañías entrevistadas es la búsqueda de perfiles que aporten madurez, responsabilidad y estabilidad. No se trata de una conclusión aplicable a todas las empresas de la comarca ni de una estadística general del sector. Es una estrategia detectada durante las entrevistas. Pero abre una posibilidad relevante para personas que buscan una reconversión laboral y que, pese a no disponer inicialmente de una especialización industrial, pueden aportar experiencia profesional y disposición para aprender.

El problema: quién sustituirá a quienes conocen el oficio

La falta de trabajadores tiene además una dimensión generacional. Muchas empresas industriales de la Marina Alta son pequeñas compañías familiares o negocios vinculados a oficios que requieren años de experiencia. Cuando un trabajador se jubila, no desaparece únicamente una persona de la plantilla. Puede desaparecer también una parte del conocimiento acumulado sobre procesos, técnicas y maquinaria.

El diagnóstico identifica la falta de relevo generacional como uno de los factores que explican la escasez de mano de obra, especialmente en actividades tradicionales. Carpintería, marroquinería, confección o determinados trabajos vinculados al metal necesitan aprendizaje práctico. Si no entran nuevos profesionales mientras todavía permanecen quienes dominan esas técnicas, la transmisión resulta cada vez más difícil.

El problema afecta también a la continuidad de algunas empresas con décadas de trayectoria. El documento advierte de procesos de relevo complejos en los que resulta difícil encontrar tanto nuevos perfiles técnicos como personas capaces de asumir responsabilidades dentro de los negocios.

Una oferta laboral que compite con la hostelería y los servicios

El diagnóstico apunta también hacia una cuestión cultural. Una parte de la población joven no percibe la industria como una opción profesional atractiva. En las consultas realizadas durante el proyecto aparece el peso de una imagen tradicional de la fábrica asociada a trabajos duros, antiguos o poco prestigiosos. Según el estudio, esa percepción contrasta con una industria cada vez más mecanizada y con empresas que destacan la estabilidad laboral y unos horarios que pueden resultar más regulares que los de otros sectores.

La competencia por la mano de obra es especialmente relevante en una comarca donde servicios, turismo, comercio y construcción concentran buena parte del empleo. El diagnóstico señala que algunas empresas industriales encuentran dificultades para atraer a jóvenes hacia sus puestos mientras actividades más visibles de la economía comarcal captan una parte importante de esos trabajadores.

De nuevo, el problema no se reduce a una falta de personas. También existe una distancia entre las oportunidades que aseguran ofrecer las empresas y la percepción social del trabajo industrial.

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