Els Poblets intenta levantarse tras la riada: «Los vecinos están desesperados, con angustia y con la sensación de que esto volverá a repetirse»
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Els Poblets intenta levantarse tras la riada: «Los vecinos están desesperados, con angustia y con la sensación de que esto volverá a repetirse»

Itsaso Aurrekoetxea Jover

Periodista
20 de octubre de 2026 - 21:50

«Personalmente me encuentro fuerte, con fuerzas y ganas de gestionar y sacar esta situación adelante. Anímicamente ya es otra cosa. Emocionalmente es una montaña rusa, pero tenemos que ser fuertes y trabajar para salir adelante». José Luis Mas, alcalde de Els Poblets, intenta poner palabras a lo que ha vivido la localidad desde la madrugada del lunes 19 de octubre, cuando el río Girona se desbordó y el agua irrumpió violentamente en buena parte del municipio. Apenas un día después, todavía tiene muy presentes las imágenes de aquella mañana: vecinos despertados por las sirenas, familias tratando de ponerse a salvo y dos agentes de la Policía Local aferrados a un muro y una palmera para no ser arrastrados por la corriente.

El alcalde habla desde un pueblo que intenta levantarse entre el barro. Las calles se llenan de vecinos que retiran muebles y enseres dañados, de maquinaria que despeja los accesos y de voluntarios que han llegado desde otras localidades para ayudar. Mas calcula, de forma todavía provisional, que el agua ha afectado a alrededor del 70% de Els Poblets. Pero lo que más le preocupa no es únicamente el alcance material de la riada, sino el estado de ánimo de quienes la han sufrido: «A los vecinos los veo desesperados, con angustia y con la sensación de que esto va a volver a repetirse».

La memoria de la inundación de 2007 sigue presente en el municipio. Sin embargo, el alcalde insiste en que lo ocurrido esta vez ha sido diferente. Entonces, recuerda, el río creció durante horas y los vecinos pudieron observar cómo avanzaba el agua. Ahora apenas hubo margen para reaccionar. «En 2007 fue de día y veíamos cómo el río iba subiendo hora a hora. Esta vez han sido 20 minutos. Por suerte estábamos preparados y teníamos la experiencia de 2007, pero no quiero ni pensar qué habría pasado si hubiera sido la primera riada», confiesa.

«Vi bajar una lengua de agua y cañas como un tsunami»

Durante el domingo, el Ayuntamiento había mantenido una vigilancia constante del río Girona y del barranco de Portelles. El propio alcalde participaba en el seguimiento sobre el terreno y se encargaba de trasladar las novedades a través de los canales municipales. A las 05:00 horas del lunes, las imágenes no mostraban incidencias. Mas recuerda que, después de comprobar el estado del cauce, pensó que todavía dispondrían de unas horas de tranquilidad.

«Hablé con el jefe de la Policía Local, que estaba comprobando el barranco. Yo hice una fotografía del río y él me pasó otra. Las publiqué porque me estaba encargando de las redes sociales. En aquel momento pensé: «Bueno, la cosa está tranquila; al menos tendremos un par de horas o tres de calma»». Pero todo se precipitó.

Entre las 05:30 y las 05:45 horas, aproximadamente, el ES-Alert volvió a sonar. El alcalde regresó al río, donde inicialmente observó un aspecto similar al de su anterior inspección. Sin embargo, decidió desplazarse hacia El Verger para comprobar la situación aguas arriba. Lo que encontró cambió por completo sus previsiones.

«Vi que bajaba una lengua de agua y de cañas como un tsunami por el río Girona, a la altura de El Verger», relata. Inmediatamente contactó con el jefe de la Policía Local y ambos se reunieron en un puente para activar el protocolo de aviso a la población.

«Activamos a otro agente y dos coches patrulla comenzaron a avisar a los vecinos. Yo también iba tocando el claxon con el vehículo municipal. Llegó un momento en que empezamos a ver cómo el agua salía del cauce. Dejamos el coche y fuimos puerta por puerta por la calle Molí y la zona de Mirarosa, que es una de las más sensibles, avisando a los vecinos».

Sirenas, avisos puerta por puerta y vecinos refugiados en el Ayuntamiento

La crecida sorprendió a buena parte del vecindario mientras dormía o se preparaba para comenzar su jornada laboral. «La gente estaba en casa, pero no sabía exactamente qué había pasado ni por qué había sonado la alerta. Cuando escucharon las sirenas, los cláxones y la megafonía de los coches patrulla comenzaron a salir. Les avisábamos de que subieran a las plantas altas y de que no se quedaran en la calle».

Los vehículos de emergencia recorrieron reiteradamente las mismas calles. Mas calcula que llegaron a pasar siete u ocho veces por algunos puntos para asegurarse de que la población comprendiera la gravedad de la situación.

«Te vas a dormir y el río está bien. Te despiertan el ruido, las sirenas, y no sabes qué está pasando. Por eso pasamos una vez, otra y otra. No queríamos que alguien pensara que simplemente había pasado una ambulancia. Seguimos avisando hasta que pudimos».

Durante aquellos minutos, los agentes y los responsables municipales ayudaron a ponerse a salvo a varios vecinos. Una mujer mayor con movilidad reducida fue trasladada a la primera planta de su vivienda y dos personas que residían en una planta baja pudieron ser evacuadas hasta el Ayuntamiento. También encontraron refugio en el edificio consistorial personas que habían salido para ir a trabajar y quedaron atrapadas por la crecida.

«El Ayuntamiento es una zona segura, pero se convirtió en una isla. Estamos en una parte elevada y el agua empezó a pasar por un lado y por el otro. Todo fue muy rápido. No sé si fueron 20 minutos o media hora, porque la sensación es que ocurrió todo de golpe. Pero pudimos avisar a la población, y con eso es con lo que nos quedamos».

«Uno se agarró a un muro y el otro a una palmera»

De todos los momentos que vivió aquella mañana, hay uno que José Luis Mas recuerda con especial angustia. Ocurrió cuando el jefe de la Policía Local y otro agente acudieron a auxiliar a una persona que había quedado atrapada en un garaje. Una nueva crecida, especialmente violenta, los sorprendió durante la intervención.

«Fue lo más traumático y lo que no olvidaré nunca. Empezamos a recibir alertas y había gente pidiendo ayuda. Los agentes fueron a intentar rescatar a una persona que había quedado atrapada en un garaje. Tuvieron tan mala suerte que llegó otra crecida muy fuerte y se formaron unas corrientes que los obligaron a agarrarse, uno a un muro y el otro a una palmera».

Los dos policías permanecieron aferrados a esos puntos mientras la corriente amenazaba con arrastrarlos. Según recuerda el alcalde, la situación se prolongó entre una hora y una hora y media, hasta que fue posible intervenir con maquinaria pesada.

«Teníamos preparada una pala y un camión por lo que pudiera pasar. Los agentes estuvieron agarrados todo ese tiempo porque la corriente se los llevaba. Finalmente llegó la pala, pero hubo un momento de muchísima tensión porque perdió el equilibrio y parecía que iba a volcar también. Por suerte salió todo bien: los recogieron con la cuchara de la máquina y pudieron rescatarlos».

El relato muestra hasta qué punto resultaron peligrosas las tareas de auxilio durante las primeras horas del desbordamiento. Los propios agentes que habían acudido a ayudar a los vecinos terminaron necesitando un rescate en unas condiciones que el alcalde todavía describe con emoción.

«Los vecinos están desesperados»

Superada la emergencia más inmediata, Els Poblets comenzó a descubrir el alcance de los desperfectos. El alcalde reconoce que todavía no existe un balance cerrado de viviendas y familias afectadas. Este martes ha encargado a los servicios técnicos municipales que comiencen a visitar los inmuebles para documentar las pérdidas y recoger las necesidades de los residentes.

Su primera estimación sitúa en torno al 70% la parte del pueblo afectada por las inundaciones, aunque se trata de un cálculo aproximado que deberá concretarse mediante las inspecciones. «Ha sido una manta de agua que ha cubierto gran parte del pueblo. Els Poblets no es muy grande y está todo muy concentrado. Prácticamente, salvo algunas calles, el resto ha quedado anegado», explica.

«Los vecinos se han ido ayudando entre ellos. Incluso nos han ofrecido pisos en El Verger para personas que no pudieran permanecer en sus casas, pero no hemos recibido ninguna petición en ese sentido. Si hace falta, activaremos ese protocolo y lo resolveremos», señala sobre las posibles situaciones más extremas.

Comercios dañados

La riada también ha golpeado una parte fundamental de la vida cotidiana de Els Poblets: sus pequeños comercios. Peluquerías, talleres, establecimientos de hostelería, una clínica veterinaria y otros negocios figuran entre las actividades afectadas. Algunos habían comenzado a funcionar recientemente o acababan de realizar inversiones para abrir sus puertas.

Mas menciona el caso de un joven que había trasladado su negocio de masajes a un nuevo local y acababa de inaugurarlo apenas una semana antes de las inundaciones. También recuerda los daños en talleres y establecimientos de servicios. Son pérdidas que afectan a los inmuebles, pero también a los proyectos personales de quienes viven de ellos.

«Vamos a intentar conseguir todas las ayudas que podamos y ayudarles en todo lo que esté en nuestras manos. Espero que recuperen las fuerzas y tengan ganas de volver a abrir, pero eso dependerá de ellos».

La riada impidió la reapertura del nuevo colegio Ausiàs March

La inundación coincidió con una fecha especialmente significativa para las familias de Els Poblets. El lunes 19 de octubre estaba prevista la apertura del nuevo CEIP Ausiàs March, después de años de obras y espera. Sin embargo, el desbordamiento obligó a suspender las clases y la actividad lectiva tampoco pudo reanudarse el martes.

Dentro de la gravedad de lo sucedido, el estado de las instalaciones educativas ha supuesto un alivio para el Ayuntamiento. Mas asegura que el edificio principal del colegio no ha sufrido daños importantes y que las aulas no han resultado inundadas.

El alcalde precisa que el agua dejó una línea de unos cuatro centímetros de barro en los primeros 20 metros de la zona de recepción. Los trabajos de limpieza y secado se pusieron en marcha inmediatamente, utilizando también equipos deshumidificadores para proteger los materiales de madera.

La Oficina de Turismo y los fondos de la biblioteca, entre los daños municipales

El balance de las instalaciones públicas presenta situaciones muy distintas. El auditorio, el Ayuntamiento, las dependencias policiales y la sala multiusos se han librado de los daños más graves. Esta última se ha convertido en un punto fundamental para atender a los voluntarios y a los equipos de emergencias, que pueden utilizarla para comer, descansar y acceder a los aseos.

En cambio, los espacios de la Oficina de Turismo han quedado gravemente afectados. El alcalde explica que las inundaciones alcanzaron tanto sus instalaciones como el sótano. También lamenta la pérdida de los libros almacenados en la parte subterránea de la Casa de la Cultura, destinados a la futura biblioteca.

Voluntarios que llegan andando y servicios de emergencia trabajando sin descanso

Frente a los daños, el alcalde destaca la respuesta colectiva. Durante las primeras horas fue necesario retirar vehículos desplazados por el agua y conseguir grúas y maquinaria que permitieran abrir paso a los bomberos. Después llegaron los trabajos de achique, la limpieza de viviendas y la retirada del barro.

«Al principio necesitábamos mucha maquinaria pesada. Había que mover coches para que pudieran pasar los bomberos. Fue complicado acceder a algunos lugares, pero poco a poco empezaron a llegar voluntarios, camiones y palas», explica.

Mas recuerda especialmente a las personas que se desplazaron desde municipios cercanos, como El Verger y Ondara. Algunas llegaron caminando porque los accesos no permitían entrar en vehículo.

El alcalde agradece también la intervención de los bomberos, la Guardia Civil, la Policía Autonómica, las policías locales de otros municipios y los equipos y empresas movilizados por la Generalitat. Destaca especialmente la coordinación entre el responsable de bomberos y el jefe de la Policía Local de Els Poblets.

«El trabajo que se está haciendo es espectacular. Tenemos policías de otras poblaciones que vienen incluso por las noches. Eso da tranquilidad. Aunque una casa se haya quedado sin puerta, sabes que hay patrullas recorriendo el pueblo. Nos sentimos cuidados y, en ese sentido, no podemos pedir más».

La organización municipal también se ha distribuido entre los concejales, con tareas específicas de coordinación, atención a los afectados y apoyo a los equipos desplegados. La concejalía de Servicios Sociales, con Natalia Carrió al frente, se ocupa de la atención alimentaria, con la colaboración de World Central Kitchen, mientras el resto del equipo municipal participa en las labores necesarias.

El alcalde pide coordinar la solidaridad: «A veces menos es más»

Els Poblets está recibiendo ofrecimientos de ayuda de vecinos, empresas y voluntarios de otros municipios. Sin embargo, Mas insiste en que esa solidaridad debe organizarse para evitar que la llegada simultánea de vehículos y maquinaria complique los trabajos en unas calles que todavía presentan dificultades de acceso.

«Agradecemos muchísimo que la gente quiera venir, pero también hay que entender que Els Poblets tiene el espacio que tiene. La maquinaria pesada que puede entrar es la que puede entrar y tenemos que estar todos coordinados, porque a veces más ayuda puede convertirse en un problema. Menos es más, y en estos momentos esa frase hay que aplicarla al cien por cien».

El Ayuntamiento ha centralizado las peticiones de asistencia para conocer qué necesitan las familias, desde ayuda para retirar barro hasta alimentos o mobiliario indispensable. Los afectados pueden comunicar sus necesidades a través del teléfono municipal 96 647 43 99.

El alcalde también informa de que algunos servicios cotidianos comienzan a recuperarse: el supermercado, la farmacia y varios bares han podido reabrir. A su juicio, son pequeños avances que permiten hablar de una «normalidad relativa», aunque todavía queda mucho trabajo.

«Que la gente pregunte antes de venir, que tenga paciencia. Y si alguien se ha ofrecido y al final no ha podido ayudar porque la emergencia ya ha pasado o porque no hemos necesitado más gente, que no se lo tome a mal. Solo el hecho de llamarnos y ofrecerse ya significa mucho para nosotros».

Una oficina para tramitar ayudas y una prioridad inmediata: retirar el barro antes de que se seque

Mientras los servicios técnicos comienzan a evaluar los daños vivienda por vivienda, el Ayuntamiento prepara una oficina de atención para ayudar a los damnificados a gestionar las solicitudes de ayudas. Según explica Mas durante la entrevista del martes, está previsto que el servicio comience a funcionar este miércoles 21 de octubre. «Podrán acudir y asesorarse sobre cómo pedir las ayudas. Estamos yendo paso a paso, día a día, hora a hora, mejorando y actualizando la situación».

En el plano operativo, la urgencia está en evitar que el barro acumulado termine agravando los problemas en la red de saneamiento. El alcalde quiere intensificar el baldeo y la limpieza de las conducciones antes de que el lodo se endurezca.

«Ahora mismo el objetivo es retirar todo el barro posible. Hace falta mucho baldeo, mucha agua a presión y desatascar alcantarillas y pluviales. La prioridad es que el barro no se seque, especialmente dentro de las conducciones, porque eso nos daría más problemas».

«Les hemos pedido que hagan las obras necesarias»

Este martes, José Luis Mas ha participado en el encuentro celebrado en Oliva con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, junto con representantes de los dispositivos de emergencias y alcaldes de los municipios afectados.

Allí ha trasladado lo sucedido en Els Poblets y, especialmente, la necesidad de actuar sobre el río Girona para reducir el riesgo de nuevas inundaciones. También ha explicado las diferencias que ha observado entre la riada de 2007 y la actual.

«En 2007 veíamos cómo subía el río. Esta vez fue una avenida muy violenta y en apenas 20 minutos lo teníamos encima. No quiero ni pensar qué habría pasado si no hubiéramos tenido la experiencia de aquella inundación».

El alcalde considera que las inversiones en prevención no pueden seguir aplazándose. Recuerda que, después de la DANA de 2024, una parte importante de los recursos se dirigió a las comarcas más afectadas entonces, «que lo comprendo totalmente». Sin embargo, sostiene que la cuenca del Girona también necesita actuaciones urgentes. «Hemos ido varias veces a insistir en que nosotros también somos una zona sensible. Ahora estamos al mismo nivel y necesitamos que se hagan las inversiones necesarias».

Entre las actuaciones que reclama figuran la adecuación y el encauzamiento del río, la retirada de cañas de los tramos superiores, la construcción de infraestructuras de laminación de avenidas y la sustitución del puente que considera problemático por otro sin pilares intermedios en el cauce, siguiendo el modelo de intervenciones realizadas en municipios vecinos.

Mas valora positivamente el encuentro institucional, aunque por el momento no concreta inversiones o calendarios específicos comprometidos para Els Poblets. Asegura que tanto Pedro Sánchez como Juanfran Pérez Llorca le han trasladado su disposición a acompañar a los municipios afectados durante la recuperación. «Nos han prometido que no nos abandonarán. Entiendo que han empatizado con nosotros, que comprenden la situación en la que estamos, y personalmente salgo esperanzado. Pienso que estarán a nuestro lado».

«Esta vez la gente ha corrido peligro de verdad»: una riada diferente a la de 2007

Para el alcalde, el desbordamiento de este octubre ha cambiado la percepción del riesgo en Els Poblets. Aunque la riada de 2007 también provocó numerosos daños, recuerda que entonces las inundaciones afectaron especialmente a chalés, jardines, piscinas, muros y puertas de urbanizaciones, mientras que ahora la corriente ha irrumpido violentamente en el núcleo urbano y en sus comercios.

«Esta ha sido mucho más violenta. Ha afectado a las casas del pueblo. El muro del río ha colapsado y han quedado inundados lugares que considerábamos seguros, como el aparcamiento de detrás de la Casa de la Cultura». Mas no resta importancia a los riesgos de la riada anterior, pero considera que la velocidad y la fuerza de esta última han supuesto una amenaza especialmente grave para la población. Esta vez la gente ha corrido peligro de verdad», subraya.

«Lucharé donde tenga que ir»

Después de una jornada de reuniones, coordinación de medios y atención a los damnificados, José Luis Mas vuelve al estado de ánimo de un municipio que todavía trata de asimilar lo ocurrido. Habla de vecinos angustiados, de comerciantes que han visto desaparecer en minutos el resultado de años de trabajo y de familias que ahora deben afrontar la limpieza y recuperación de sus hogares.

Pero también habla de las personas que han acudido a ayudar, de quienes han compartido recursos con sus vecinos y de los trabajadores que siguen retirando barro de las calles. Esa respuesta colectiva es la que, según el alcalde, le permite mantener la esperanza.

Su mensaje final se dirige especialmente a quienes han sufrido las mayores pérdidas. «Que sepan que el Ayuntamiento estará ahí para ayudarles. Que lucharé donde tenga que ir, que llevaré sus demandas donde tenga que llevarlas. Lucharemos para conseguir las infraestructuras necesarias para que esto no vuelva a pasar o, al menos, para que las consecuencias sean mucho más leves».

Y concluye con una idea que resume el desafío que afronta Els Poblets después de la riada: «Esto pasará. Tendremos que levantarnos y seremos más fuertes de lo que somos».

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Clasificado en: Sociedad, José Luis Mas
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