La carretera hacia la playa desde Pego ya estaba abierta, pero el agua todavía no había abandonado muchas de las parcelas que la rodean. Ocho días después de las lluvias más intensas de la DANA Adam, el paisaje agrícola de los alrededores de la Marjal de Pego-Oliva seguía mostrando las consecuencias del temporal: terrenos anegados, caminos destrozados, cultivos deteriorados y construcciones agrícolas dañadas. En algunos campos, sus propietarios apenas habían podido empezar a comprobar las pérdidas. En otros, los trabajos de limpieza y reparación avanzaban entre el cansancio y la incertidumbre de quienes veían desaparecer buena parte de lo que habían cuidado durante años.
Uno de ellos es Salvador Vercher, propietario de una parcela situada junto a la CV-678, a la altura del Camí d’Estalons. Este martes 27 de octubre Vercher llegó en su vehículo para comprobar el estado de su terreno, donde cultiva diferentes productos para consumo propio. Había transcurrido más de una semana desde las inundaciones y todavía no podía acceder a toda la propiedad.
Al abrir la puerta de acceso, pudo comprobar cómo el agua había arrastrado numerosos enseres hasta la entrada y que los cultivos continuaban inundados. «Los motores y todo lo que tengo ahí está bajo el agua», lamentó. En algunos puntos de la propiedad, el nivel alcanzado por la inundación parecía haber superado aproximadamente el medio metro.
Vercher hablaba con resignación. No se trata de una gran explotación ni de una producción destinada principalmente a la venta, sino de una parcela que forma parte de su vida cotidiana. Recuperarla supondrá hacer frente a unos desperfectos que, por el momento, ni siquiera podía examinar completamente.
A poca distancia, en la zona conocida como la Plana, también accesible desde la CV-678, Salvador Tamarit afronta las consecuencias de una inundación que no se limitó a cubrir los cultivos. La fuerza del agua arrancó las vallas que delimitaban su propiedad y desplazó una puerta de grandes dimensiones hasta el bancal colindante. «Hizo lo que quiso. Pero, ¿el agua quién la para?», resumió el agricultor al recordar lo sucedido.
En su parcela, una construcción quedó llena de agua y barro y varias instalaciones resultaron dañadas. Tamarit trabaja ahora para reparar los desperfectos y volver a delimitar el terreno, aunque da por perdida buena parte de los cultivos.
El acceso es otro de los problemas que ha tenido que afrontar. El agua arrancó tramos del pavimento de cemento del camino que conduce a su propiedad, dejando una vía por la que resulta difícil circular en vehículo. Según explicó, él mismo tuvo que realizar algunas actuaciones para poder entrar con un mínimo de seguridad, aunque el trayecto continúa presentando puntos muy deteriorados.
Al hablar de las pérdidas, Tamarit se emociona. La riada no solo ha dañado una parcela, sino un espacio al que ha dedicado tiempo, trabajo y esfuerzo. A sus más de 60 años, tiene por delante la tarea de reparar instalaciones, retirar materiales deteriorados y decidir cómo recuperar una tierra cuya producción se ha visto seriamente afectada.
Entre los recuerdos más intensos que conserva Tamarit de los primeros días posteriores al temporal se encuentra la llegada de un grupo de personas que acudió a ayudarlo cuando todavía había mucho barro y trabajo por delante. Casi una veintena de compañeros de trabajo de su mujer recibieron permiso de la empresa en la que trabajan para colaborar en las tareas de recuperación. El agricultor recuerda con emoción esa muestra de solidaridad, especialmente en unos días en los que el volumen de desperfectos hacía difícil saber por dónde comenzar. La ayuda no ha eliminado las pérdidas ni el trabajo pendiente, pero permitió afrontar unas primeras jornadas especialmente complicadas.
Problemas de acceso a los campos
Las dificultades de Salvador Vercher y Salvador Tamarit reflejan una situación que se repetía en distintos puntos del término municipal. La recuperación de las comunicaciones por carretera no significó que las explotaciones agrícolas volvieran a ser accesibles de inmediato.
Pego quedó incomunicado durante la DANA Adam y las horas posteriores. Los accesos se fueron recuperando progresivamente durante los días posteriores, como la CV-715 en dirección a Oliva y Sagra o la CV-700 hacia El Verger. No fue hasta una semana después de la DANA cuando pudo abrirse la última de las carreteras pendientes, la CV-678 hacia la playa, que atraviesa el entorno de la Marjal de Pego-Oliva.
Un día después de esa última reapertura, numerosos caminos secundarios y accesos a parcelas continuaban afectados. Uno de los ejemplos más visibles se encontraba en el Camí de Bullentó, junto al barranco de Mixel, donde el temporal ha arrancado con violencia el pavimento. El camino presenta una imagen completamente diferente a la que tenía antes de las lluvias.
La situación se repetía en las explotaciones próximas al humedal. Algunas parcelas seguían bajo el agua, mientras que en otras los desperfectos del terreno y de los caminos dificultaban la entrada de propietarios, vehículos y maquinaria.
Los campos de cítricos comenzaban también a mostrar las consecuencias de la riada. Durante el recorrido podían observarse naranjas caídas al suelo y frutos deteriorados en una época especialmente delicada, a las puertas de la campaña de recolección.
Agustí Espí: «Pego y Oliva han sido, con diferencia, las zonas más afectadas a nivel agrario»
Para comprender el alcance de los daños, Agustí Espí, técnico de la Xarxa Agrícola de la Marina Alta, que mantiene contacto con agricultores y profesionales del sector primario afectados por la DANA Adam, hace balance de los efectos.
Su primera valoración sitúa el entorno de Pego y Oliva como el territorio agrícola más perjudicado por el episodio, seguido de distintas zonas de la Rectoria, especialmente las próximas al cauce del Girona y a los barrancos.
En la Rectoria, los principales problemas se relacionan con la fuerza de las escorrentías y la destrucción de caminos y márgenes agrícolas. «Ha caído una cantidad de agua tan grande en tan poco tiempo que la propia montaña no ha absorbido nada. El agua ha corrido por encima del terreno, lo que conocemos como escorrentía, y ha provocado erosión», señala.
El técnico advierte de que muchos agricultores se encuentran con caminos deteriorados que impiden acceder a los bancales, una circunstancia especialmente preocupante porque se aproxima la campaña de recogida de los cítricos. «Necesitan entrar con camiones para cargar los cajones y llevarse la producción. Si no pueden acceder, lo tendrán muy complicado», explica.
Inundaciones más de una semana después
Una de las imágenes más llamativas esta misma semana era la permanencia del agua en las parcelas. La explicación, según explica Espí, está en el funcionamiento hidrológico de la marjal. Según expone, el humedal no solo recibe el agua que llega por la superficie durante las lluvias, sino también aportaciones subterráneas procedentes de zonas montañosas como la Vall d’Ebo y la Vall de Gallinera.
Parte de las precipitaciones se infiltra en el terreno de estas zonas elevadas y continúa desplazándose bajo tierra hasta emerger en la marjal a través de los conocidos como ullals, los nacimientos naturales de agua.
A esta alimentación continua se suma, según su análisis, la limitada capacidad de evacuación del sistema actual. Espí señala que la salida hacia el mar depende principalmente de dos canales o golas canalizadas y que el agua que continúa entrando desde el subsuelo puede superar la cantidad que consigue evacuarse. El técnico reconoce que el nivel había descendido desde los momentos más críticos, pero advierte de que numerosos caminos agrícolas permanecían anegados.
El peligro para los cultivos incluso cuando desaparece el agua
«Aunque desaparezca el agua de la superficie, seguirá habiendo mucha agua bajo tierra. Eso puede provocar podredumbre de las raíces, anoxia, que es falta de oxígeno, y problemas de hongos», explica.
Según Espí, la Generalitat había comenzado a facilitar productos fitosanitarios para combatir problemas fúngicos en las explotaciones afectadas. El técnico considera que la vigilancia de las enfermedades de las plantas y los tratamientos adecuados a cada cultivo serán importantes durante la recuperación. La aplicación de estos productos debe realizarse conforme a sus autorizaciones y al asesoramiento técnico correspondiente.
Los cítricos, uno de los cultivos más amenazados por la DANA Adam
Entre las producciones que más preocupan a Espí se encuentran las naranjas y mandarinas. Las lluvias llegaron en un momento próximo al inicio de la campaña y las inundaciones pueden afectar tanto a la fruta como al estado de los árboles y a la posibilidad de entrar en las explotaciones para realizar la recolección. «Creo que no vamos a tener una buena campaña de naranja y mandarina en la Marina Alta», afirma el técnico, que teme que una parte de los frutos acabe pudriéndose o cayendo antes de poder recogerse.
En el caso del aguacate, Espí se muestra más prudente. Considera posible que algunos árboles hayan soportado mejor el episodio, pero reconoce que todavía es necesario comprobar su evolución y que no dispone de un balance suficiente para cuantificar sus daños. En cuanto al olivar, recuerda que muchas plantaciones se encuentran en zonas de ladera, donde el comportamiento del agua es distinto al de los terrenos inundados de la marjal.
Una costosa reconstrucción
Para los agricultores, los daños no se limitan a la cosecha. Los casos de Salvador Vercher y Salvador Tamarit muestran que también pueden perderse motores, maquinaria, instalaciones, puertas, vallas y otras infraestructuras necesarias para mantener la parcela en condiciones. Agustí Espí advierte de que la reparación de estos elementos puede representar un desembolso superior al rendimiento económico de una campaña agrícola completa.
La pérdida de los vallados añade otro problema. Espí recuerda que las cercas también sirven para proteger los cultivos de la entrada de jabalíes, por lo que los agricultores que las han perdido deberán afrontar nuevas reparaciones para evitar más daños.
El técnico reconoce que la necesidad de hacer frente a estos gastos puede llevar a algunos propietarios a plantearse si les compensa económicamente recuperar su actividad. No obstante, destaca que los productores con los que ha hablado mantienen la intención de seguir trabajando sus fincas.
Perder el campo también es una pérdida personal
La situación de Vercher y Tamarit representa otra realidad del campo de la Marina Alta: la de quienes no dependen económicamente de una explotación, pero dedican buena parte de su tiempo a cuidar un pequeño terreno. «En un pequeño agricultor que cultiva para consumirlo él mismo, veo también un problema emocional, de frustración, de no poder realizar unas tareas que a lo mejor son las que le hacen feliz», reflexiona.
La observación encaja con el ambiente que transmitían los dos agricultores encontrados durante el recorrido por Pego. Ambos afrontaban los desperfectos con cansancio y resignación. Volver a levantar las instalaciones y recuperar las plantaciones supone, además del coste económico, una carga de trabajo considerable.
La otra cara de las lluvias: los pozos y la salinidad
Entre las numerosas consecuencias negativas de la DANA, Agustí Espí identifica también un efecto favorable sobre las reservas de agua subterránea. Según sus observaciones en distintas explotaciones, la recarga de los acuíferos ha reducido notablemente la salinidad.
«Creo que es lo único positivo que podemos sacar de esto: la salinidad ha bajado muchísimo en los pozos de la zona. El agua es más dulce que nunca», explica. El técnico lo relaciona con el aumento del nivel freático. La entrada de grandes cantidades de agua dulce ejerce presión sobre el agua salada procedente del mar y puede reducir temporalmente su penetración en determinados acuíferos costeros.
Sin embargo, advierte de que este efecto no garantiza una mejora permanente. Si durante los meses secos se produce una extracción excesiva de agua subterránea, la intrusión salina podría volver a afectar a los pozos. Por ello, considera importante que la recuperación de los niveles de agua vaya acompañada de una gestión responsable de los recursos hídricos.
Las ayudas a los agricultores y las dificultades de los pequeños propietarios
Además de la reconstrucción material, uno de los asuntos que más preocupa a los agricultores es cómo acceder a las ayudas aprobadas para los afectados por la DANA Adam. Espí explica que la Xarxa Agrícola está prestando asesoramiento a agricultores y apicultores damnificados, con contactos directos y grupos de comunicación en los que participan alrededor de una veintena de personas.
El técnico señala que los trámites pueden resultar especialmente complicados para quienes no están acostumbrados a utilizar la sede electrónica o a preparar documentación administrativa. Entre los aspectos que recomienda revisar figuran la situación registral de la explotación, la documentación de la actividad y los justificantes de los daños.
«Nos ofrecemos a asesorarlos para solicitar las ayudas. Podemos ayudarles con el papeleo, pero hay gestiones que tienen que hacer ellos, como disponer del certificado digital y presentar la solicitud electrónicamente», explica. También recomienda contactar con los ayuntamientos para consultar la documentación municipal que pueda ser necesaria para acreditar los desperfectos en las parcelas.
Según aclara Agustí Espí, los pequeños productores también podrían acceder a las subvenciones, ya que la normativa no exige ser agricultor profesional ni estar dado de alta en la Seguridad Social agraria. El requisito fundamental es tener la explotación inscrita en el registro agrario correspondiente. Por tanto, aunque la concesión dependerá del cumplimiento de las condiciones establecidas, los pequeños productores que tengan sus parcelas debidamente registradas podrían beneficiarse también de las ayudas para recuperarse de los daños provocados por la DANA Adam.
Prevención para nuevas inundaciones
Para Espí, las consecuencias de la DANA Adam obligan a pensar no solo en las reparaciones inmediatas, sino también en cómo reducir los daños de futuros episodios de lluvias extraordinarias. Defiende la agricultura regenerativa, un manejo del suelo que favorezca la presencia de materia orgánica y cubiertas vegetales, en lugar de mantener los campos completamente desnudos. «Cuanta más materia orgánica tenga nuestro suelo, mayor capacidad tendrá para retener el agua y evitar la escorrentía. Eso también ayudará a que no se produzcan tantos desprendimientos», explica.
El técnico considera que estas prácticas pueden ayudar a frenar la erosión y mejorar la capacidad del terreno para absorber las lluvias, especialmente si se implantan de manera amplia y adaptada a las condiciones de cada explotación.
En cuanto a las administraciones, Espí reclama una mejor planificación de las infraestructuras hidráulicas, la eliminación de cañas invasoras en los cauces, actuaciones de renaturalización en los tramos adecuados y el estudio de espacios que permitan acumular temporalmente grandes cantidades de agua durante las avenidas.
Espí defiende que las actuaciones deben ajustarse a las características de cada tramo del río o barranco: favorecer la retención y la reducción de la escorrentía donde resulte apropiado y garantizar una capacidad suficiente de evacuación en los puntos donde sea necesaria. También destaca la importancia de que estas decisiones se fundamenten en estudios de ingeniería y planificación territorial. A su juicio, invertir en prevención puede evitar posteriormente gastos mucho mayores en reparaciones.














































































