OPINIÓN | Luisina Daives, psicóloga de Amadem
Como cada 10 de septiembre se conmemora el día para la prevención de suicidio y este año se ha puesto el foco en las personas supervivientes del suicidio. Se estima que cada un suicidio, 6 personas (por lo menos) quedan afectadas o muy afectadas por esa muerte deliberada. El duelo por suicidio puede ser especialmente difícil, ya que al dolor de la pérdida se pueden unir otras emociones como culpa, vergüenza o la rabia.
A la tristeza por la pérdida suelen sumarse sentimientos de culpa, preguntas constantes sobre lo ocurrido, el peso del estigma social y, en muchas ocasiones, la vergüenza o la necesidad de ocultar lo sucedido por miedo a la incomprensión de los demás. Comprender que estas reacciones y emociones son habituales en quienes atraviesan este tipo de pérdida y conocer cómo evoluciona el duelo, puede resultar de gran ayuda. Entender que no se está viviendo esta experiencia en soledad, contribuye a aliviar el sufrimiento y favorece el proceso de adaptación y aceptación.
Hace tiempo que se sabe que el silencio o callar no previene ni ayuda, sino hablar desde la profesionalidad y naturalizar sentimientos que se suceden ante algo así, será lo que ayudara a transitar con más salud este momento tan duro, cargado de dolor, preguntas, incertidumbre, y frustración. Es tarea de toda la sociedad, educarnos y aprender sobre el suicidio, ya que éste es multifactorial y las causas de que ocurra como las necesarias para la prevención, también se generaran desde diferentes ámbitos. Recuerda que no siempre existen palabras perfectas ni respuestas inmediatas. Escuchar, preguntar y estar también puede ser una forma de ayudar.






