Un pozo, un cubo y una cuerda para conseguir agua. Leña antes que gas. Un animal de tiro desempeñando la función que décadas después asumiría el automóvil. Casas donde trabajar la llata formaba parte de la cotidianidad. Barcas y pesqueras que sostenían familias enteras. Mujeres sin los mismos derechos que los hombres. Vecinos que cruzaban el Atlántico para buscarse la vida. Y, frente a todo aquello, la Marina Alta actual.
Col·lectiu Mirades ha publicado el tráiler del largometraje documental de Arrels Vives, la pieza central de un amplio proyecto audiovisual dedicado a reconstruir las profundas transformaciones sociales, económicas y culturales experimentadas por los pueblos valencianos durante el último siglo.
Después de ir descubriendo los avances correspondientes a los siete cortometrajes que integran el universo de Arrels Vives, la productora muestra ahora una primera aproximación al relato que los engloba.
El tráiler concentra en pocos minutos algunas de las cuestiones que vertebran todo el proyecto: la desaparición de oficios tradicionales, el abandono de determinadas formas de vida, la modernización de los hogares, la transformación del territorio, la desigualdad histórica entre hombres y mujeres, la emigración y, especialmente, la preocupación por transmitir los conocimientos de las personas mayores antes de que desaparezcan con ellas.
Siete pueblos confluyen ahora en una única historia
El estreno del avance permite comprender mejor la dimensión global de un proyecto que hasta ahora se ha ido mostrando principalmente pueblo a pueblo. Arrels Vives está compuesto por un largometraje documental y siete cortometrajes dedicados respectivamente a Dénia, Gata de Gorgos, Pedreguer, El Verger, Els Poblets, Poble Nou de Benitatxell y Xaló.
Los tráileres de los siete cortos ya han sido publicados. Sin embargo, mientras cada una de esas piezas profundiza en la memoria y las particularidades de una localidad, el largometraje amplía la mirada y conecta esas experiencias para construir un relato más grande.
El dossier de producción define precisamente Arrels Vives como una recopilación de relatos y experiencias de quienes han sido testigos de las grandes transformaciones del último siglo, prestando especial atención a una historia y unas tradiciones que todavía permanecen vivas, pero se resisten a desaparecer.
La premisa de partida es contundente: los cambios experimentados por la sociedad valenciana durante el último siglo han transformado las formas de vida a una velocidad que difícilmente encuentra comparación en los siglos anteriores. Para documentarlo, la producción ha recurrido fundamentalmente a quienes pueden explicarlo sin intermediarios: las personas que vivieron aquella otra Marina Alta.
Cuando abrir un grifo no era un gesto cotidiano
Una de las fortalezas del nuevo tráiler reside en mostrar la magnitud de la transformación a través de elementos aparentemente pequeños. La evolución de la vida cotidiana puede medirse también observando cómo se obtenía el agua, cómo se calentaban las viviendas o cómo se desplazaban personas y mercancías.
Los testimonios recuerdan un tiempo en el que disponer de agua significaba recurrir a pozos, cubos y cuerdas. La leña proporcionaba la energía que posteriormente sería sustituida por otras fuentes, como el gas butano. Y los animales eran imprescindibles para desplazarse, transportar cargas y trabajar la tierra. «El animal era comparable al coche de hoy», resume uno de los testimonios del avance.
Oficios que durante siglos fueron necesarios
La modernización no solamente modificó las comodidades domésticas. También alteró profundamente la relación de los pueblos con su territorio. El tráiler recupera, por ejemplo, la figura del acequiero o sequier, un oficio ligado históricamente a la distribución y gestión del agua que prácticamente ha desaparecido.
También reivindica actividades cuyo valor iba más allá de su rendimiento económico. La ganadería es uno de los ejemplos. Uno de los testimonios destaca el papel de las cabras en la limpieza del monte, poniendo sobre la mesa una relación entre actividad humana, ganadería y conservación del territorio que durante generaciones formó parte del equilibrio rural.
La artesanía constituye otro de esos mundos amenazados. La llata aparece nuevamente en el largometraje como símbolo de una actividad que estuvo presente de forma cotidiana en numerosos hogares de la comarca y que hoy necesita iniciativas específicas para garantizar su conservación.
Son conocimientos que durante generaciones no necesitaron ser documentados porque se transmitían dentro de las propias familias. Padres, madres y abuelos enseñaban a hijos y nietos. Cuando esa cadena se rompe, el conocimiento deja de pasar automáticamente de una generación a otra. Ahí aparece una de las razones fundamentales de Arrels Vives: convertir el audiovisual en una nueva herramienta de transmisión cuando los mecanismos tradicionales de aprendizaje están desapareciendo.
El retroceso de un mundo vinculado al mar
La transformación también puede expresarse mediante cifras. Uno de los testimonios incluidos en el tráiler recuerda el declive experimentado por la actividad pesquera y señala que de un censo de 40 embarcaciones quedan actualmente 15.
A ello suma la desaparición de las llamadas pesqueras, infraestructuras vinculadas históricamente al aprovechamiento del mar. Según el relato recogido en el avance, llegaron a existir más de 80 y terminaron desapareciendo. La pesca es, junto con la agricultura, la artesanía y la ganadería, uno de los ámbitos que el proyecto utiliza para reconstruir la economía anterior a la modernización.
El dossier explica que hace pocas décadas buena parte de la población rural vivía directamente de actividades vinculadas a la naturaleza. Esa dependencia generó también una relación particular con el entorno, pues la tierra y el mar proporcionaban buena parte de los recursos necesarios para vivir.
«De igualdad nada»
Arrels Vives tampoco presenta aquella sociedad tradicional desde una perspectiva idealizada. El tráiler introduce otro de los asuntos fundamentales del largometraje: la desigualdad que sufrieron las mujeres y la enorme transformación experimentada por sus derechos y su posición social.
La memoria de dirección de José Gayà sitúa precisamente la recuperación del papel histórico de las mujeres entre los elementos fundamentales de la película. El proyecto recuerda que fueron esenciales para la economía familiar: trabajaban en el campo y en las fábricas mientras asumían simultáneamente la crianza de los hijos, las tareas domésticas, el cuidado de las personas mayores y, en numerosos casos, la administración económica de los hogares.
La emigración y la necesidad de «buscarse la vida»
El nuevo tráiler incorpora asimismo otra experiencia que marcó a numerosas familias: la emigración. Marcharse para «buscarse la vida» aparece en los testimonios como una estrategia de supervivencia y América como uno de los destinos de quienes tuvieron que abandonar su tierra en busca de oportunidades.
La emigración introduce otra dimensión dentro de una historia que no puede explicarse únicamente observando aquello que sucedía dentro de los pueblos. La Marina Alta contemporánea también es consecuencia de quienes se fueron, de quienes regresaron y de las experiencias, recursos y nuevas formas de pensar que esos movimientos de población introdujeron en las comunidades de origen.
Una carrera contra el tiempo para escuchar a la última generación que puede contarlo
Hay una circunstancia que otorga al proyecto una dimensión especialmente urgente. Algunas de las protagonistas entrevistadas superaban los cien años. No se trata únicamente de recuperar recuerdos antiguos. Son testimonios pertenecientes a una generación que está desapareciendo y que constituye una de las últimas fuentes directas para reconstruir determinadas formas de vida del siglo XX.
La realidad de esa carrera contra el tiempo quedó patente durante la propia producción. Tres de sus protagonistas fallecieron durante el rodaje: Maria Crespo, de Pedreguer, a los 101 años; Rosa Ginesta, de Gata de Gorgos, a los 100; y Angelita Castells, de Xaló, a los 97. El documental está dedicado a ellas.
Para el director, las personas mayores constituyen la principal fuente de inspiración de la película. Rescatar sus experiencias y conocimientos se convierte así en una forma de conservar una documentación histórica que, de otro modo, desaparecería con ellas.





