Son las tres y media de la tarde. Desde las oficinas de Punt Estudi de Dénia iniciamos una llamada con Carmen, quien, al otro lado de la pantalla y llena de risas, nos comenta cuántos cafés necesita a lo largo del día para conseguir esa energía que nos transmite.
Hablamos del proyecto por el que estamos aquí: la postal navideña de Punt Estudi. Y también hablamos de café —porque sí, el café tiene mucho protagonismo aquí—, de referentes inesperados, de colores imposibles de ignorar, y de cómo representar a un equipo entero en una única ilustración. Una tarea que parecía difícil, hasta que la vimos hecha. Entonces supimos que Carmen Frontera había entendido mucho más que un encargo: había captado nuestra forma de ser y de estar.
Una forma de mirar que empieza en lo cotidiano y se transforma en lenguaje visual
A medida que la conversación avanza, va quedando claro que Carmen no trabaja desde lo conceptual ni lo abstracto. Lo suyo es otra cosa: un ejercicio de observación constante. No se inspira en grandes teorías ni en corrientes gráficas. Se inspira en su hijo, en sus amigas, en la familia, en lo que ocurre en su barrio. En lo aparentemente irrelevante, pero con mucho sentido emocional.
Su estilo —conocido por sus formas redondeadas, animales antropomórficos, y una paleta de colores vivos y consistentes— nace, en gran parte, de esa manera de vivir lo cercano. Nos cuenta cómo sus ilustraciones han cambiado desde que es madre, cómo ahora todo está más centrado en las cosas pequeñas: lo que hace su hijo, lo que se repite cada día, lo que antes no tenía tiempo de notar.
Le preguntamos por sus referentes, esperando tal vez algún nombre dentro del mundo del arte. Pero su respuesta va por otro camino. Habla de Nora Ephron, escritora y cineasta. No por técnica ni estilo, sino por mirada. Por esa capacidad de contar las emociones sin dramatismo, de convertir lo normal en relato. Y entendemos que Carmen, como Ephron, tiene esa habilidad de narrar sin palabras.
El amarillo no es solo un color: es una declaración de intenciones
La conversación deriva hacia el color casi de forma natural. Basta ver cualquiera de sus obras para entender que no se trata de una herramienta más. El color, para Carmen, estructura la ilustración. La define. Es tan importante como el trazo o la composición. Y si hay uno que destaca, ese es el amarillo: un tono que aparece una y otra vez en su trabajo, como símbolo de optimismo, alegría, y como no «verano, muy de aquí”.
Su paleta se ha ido consolidando a lo largo de los años. Ya no tiene que decidirla: está integrada en su forma de trabajar. El color no se aplica después. Está en la base misma de la idea: “No sabría ilustrar en blanco y negro sin cambiar la forma en la que veo el mundo”.
Así nació la postal navideña que somos nosotros
Cuando desde Punt Estudi pensamos en una postal navideña para conmemorar la primera Navidad, sabíamos que no queríamos algo genérico. Queríamos algo que hablara de nosotros. De nuestras rutinas, de nuestros espacios, de la forma en que nos relacionamos mientras trabajamos. Y por eso buscamos fuera del estudio. Queríamos una mirada distinta y la encontramos en Carmen.
En la primera videollamada para empezar con el proyecto se compartieron más ideas sueltas que instrucciones: una cocina como centro neurálgico, el guirigall, bromas, mucho trabajo, mucha risa, la sensación de estar en familia y un sofá característico: «Querían que saliera. Me mandaron fotos. Me encantó meterlo. Porque ese sofá es como otro miembro del equipo”. No necesitaba más. Nos escuchó con atención, apuntó detalles, preguntó lo necesario. Cuando volvió, volvió con todo: una escena coral, dinámica, y completamente viva, en la que cada rincón contaba una microhistoria.
Nos explicó que parte de la inspiración le vino revisando una revista antigua que contenía un laberinto gráfico. De ahí extrajo la idea de dividir el espacio en recovecos, casi como un mapa mental del estudio. Así pudo situar a cada personaje haciendo algo distinto, pero conectado con los demás.
Hay quien se hace un selfie, alguien más que observa, otro que ríe, otro que toma café, que lee o que se encuentra detrás de un ordenador portátil. Todo fluye. Y, en uno de los rincones, el sofá. Ese sofá que no es decorado, sino parte del equipo. Otro de sus puntos más importantes es la cocina: el punto de encuentro donde se entablan conversaciones, se pregunta qué tal ha ido del fin de semana, el día anterior o la vuelta de las vacaciones, donde parece que se pida turno para preparar el café o calentar la comida cuando el reloj marca las dos de la tarde y nos juntamos todos a comer. Como una familia.
Trabajar entre creativos: confianza, fluidez y reconocimiento mutuo
Carmen valora especialmente que la relación no fuera cliente-proveedor, sino un diálogo entre iguales. La libertad creativa no solo fue permitida, sino buscada. Hemos visto cómo esa libertad ha generado confianza, y cómo esa confianza se ha traducido en un resultado que no ha sido una simple ejecución, sino una interpretación sensible de nuestro día a día.
Destaca también lo importante que fue poner cara a las personas. Tener una conversación real, no limitarse al email. Y coincide en que cuando la colaboración nace del respeto mutuo entre creativos, todo se construye con más sentido. Y se nota en el resultado.
Hacia 2026: técnicas analógicas y tiempo para lo que aún no tiene fecha
El año nuevo aparece en la conversación y con él, nuevos deseos. Carmen nos habla de su interés por recuperar técnicas como la serigrafía, que había dejado aparcada por falta de espacio, y también de un proyecto personal: un álbum ilustrado que empezó como fanzine y que le gustaría ver publicado. Lo imagina como un formato más íntimo, más suyo, donde pueda hablar sin filtros, desde su narrativa visual y con total libertad.
También quiere encontrar más tiempo. Tiempo para frenar, para pensar, para crear sin urgencias, para proyectos personales. Algo que cualquier creativo entenderá. Porque no todo se dibuja cuando se tiene hueco: a veces hace falta dejar que la idea respire.
Una postal navideña que no solo felicita: nos retrata
La postal final no tiene texto. No lo necesita. Las imágenes lo dicen todo. Y cuando las recibimos, supimos que estaba completa: ahí estábamos nosotros, no como caricatura, sino como equipo. Cada uno en su sitio, haciendo lo que hace, y formando parte de algo más grande. Una escena viva, ruidosa, amable, que representa con honestidad lo que somos.
Carmen Frontera ha logrado algo que no se puede forzar: ilustrar desde dentro, sin haber estado físicamente. Y eso solo se consigue cuando el trabajo no es solo técnico, sino empático. Cuando se escucha, se observa y se construye con cariño.
2026 puede ser su año más personal, más manual, más narrativo. Quizá la próxima postal no sea para una empresa, sino para un cuento. O una serie de serigrafías. O algo que aún no existe, pero que ya está tomando forma en su libreta.





