El próximo 15 de julio se cumplirán 25 años de uno de los sucesos más recordados en la partida del Collao de Benissa. Una infraestructura que todavía no había entrado en servicio, construida para reforzar el abastecimiento municipal de agua, acabó protagonizando una de las imágenes más impactantes del verano de 2001: una avalancha de agua, piedras y barro descendiendo con fuerza por la ladera.
Según publicaron entonces los diarios El País e Información, la rotura de una pared del depósito liberó alrededor de 4.000 metros cúbicos de agua, el equivalente a cuatro millones de litros. La corriente anegó campos de cultivo, causó daños importantes en dos viviendas de campo y obligó a movilizar diversos efectivos para devolver la normalidad a la zona.
Una tarde de julio marcada por un fuerte estruendo
El suceso ocurrió en torno a las 15:00 horas, en la partida del Collao. La pared frontal de uno de los compartimentos del nuevo depósito cedió cuando la instalación se encontraba prácticamente llena y todavía en fase de pruebas.
Según relata un vecino de la partida, «mi madre sintió un viento raro y mucho ruido, después nos metió en la casa». Tras el fuerte estruendo, «de repente vino la ola», relata. El agua comenzó a bajar con violencia por la ladera, arrastrando piedras de gran tamaño, tierra, árboles y sedimentos. La avalancha alcanzó campos cercanos, bloqueó accesos y llegó a introducirse en dos viviendas, donde el agua y el lodo llegaron a alcanzar aproximadamente medio metro de altura.
Cuatro millones de litros en una instalación recién construida
El depósito formaba parte de una actuación impulsada por la Conselleria de Obras Públicas para mejorar la capacidad de almacenamiento de la red municipal de Benissa. La obra, según recogió entonces la prensa, se había iniciado en febrero de 2000 y se encontraba ya en su tramo final.
La infraestructura estaba concebida como un depósito de cabecera compuesto por dos compartimentos, cada uno con una capacidad de 5.000 metros cúbicos. El compartimento afectado había empezado a llenarse días antes por orden de la dirección de obra, «aunque no avisaron a los vecinos que estaban haciendo pruebas para llenarlo», recuerda uno de los propietarios de la zona.
La fuerza del agua provocó importantes daños materiales en la partida del Collao. Las dos casas de campo más afectadas sufrieron la entrada de agua, barro y piedras. Aunque no se registraron daños personales, el episodio dejó una imagen difícil de olvidar para los vecinos: una riada repentina que no procedía de una tormenta.
Bomberos, Protección Civil y maquinaria pesada
Durante la tarde del suceso, efectivos de Bomberos y de Protección Civil de Benissa trabajaron en la zona para achicar agua de las viviendas inundadas. También se movilizó una pala excavadora para retirar las piedras y los materiales que la avalancha había arrastrado hasta los caminos y accesos.
La Policía Local de Benissa acordonó el perímetro del depósito tras la inspección del aparejador municipal, que advirtió de la posibilidad de nuevos derrumbes en la estructura dañada. Aquella medida buscaba evitar riesgos añadidos en una instalación que, tras la rotura, quedó bajo observación por su estado estructural.
El suministro general no se vio afectado
Pese a la magnitud del incidente, las autoridades municipales trasladaron entonces un mensaje de tranquilidad respecto al abastecimiento de agua en Benissa. La instalación del Collao todavía no estaba en funcionamiento ordinario y el municipio contaba con otros dos depósitos de cabecera que cubrían la demanda.
La concejala de Aguas de aquel momento, Josefina Ivars, explicó que el suministro general no se resentiría por la rotura. No obstante, la avalancha sí provocó una avería en una tubería de la zona, lo que dejó temporalmente sin servicio a una veintena de viviendas de la partida del Collao.
Una obra pensada para reforzar la seguridad hídrica
El nuevo depósito se había proyectado para incrementar la capacidad de almacenamiento de agua en Benissa. Según la información publicada en 2001, la red local disponía entonces de una capacidad previa de 7.500 metros cúbicos, y la nueva instalación permitiría reforzar el sistema ante posibles problemas de suministro.
Paradójicamente, una obra concebida para mejorar la seguridad hídrica acabó generando una emergencia local antes de entrar en servicio. El depósito todavía se encontraba en pruebas y, según señaló entonces el Servicio Municipal de Aguas, las causas del fallo debían analizarse junto a la dirección de obra.
Responsabilidades y acciones legales
Tras el suceso, el Ayuntamiento de Benissa anunció que emprendería acciones legales contra los responsables de la rotura del depósito. Las informaciones publicadas entonces destacaron que el consistorio defendía que no había participado en la ejecución técnica de la obra y que su papel se había limitado a ceder los terrenos a la Conselleria de Obras Públicas.
La concejala también trasladó que los daños sufridos por los vecinos serían indemnizados. «Afortunadamente no ha ocurrido ninguna desgracia», recogía la prensa de la época en referencia a sus declaraciones, en un contexto en el que el balance material fue importante, pero no hubo que lamentar víctimas personales.
Un proyecto con dificultades desde antes de la rotura
Las crónicas de 2001 también apuntaban que la construcción del depósito del Collao no había estado exenta de complicaciones. Aunque las obras comenzaron en febrero de 2000, los trámites y trabajos previos se habían prolongado durante más tiempo debido a las dificultades técnicas para realizar el desmonte en la zona.
La instalación debía convertirse en el tercer depósito de cabecera de la red municipal, pero antes de completar su puesta en marcha quedó asociada a uno de los episodios más llamativos de la historia reciente del abastecimiento de agua en Benissa.
25 años después: memoria de una riada inesperada
Un cuarto de siglo después, la rotura del depósito del Collao permanece como un episodio singular en la memoria local. No fue una riada provocada por lluvias torrenciales ni por el desbordamiento de un barranco, sino por el derrumbe de una pared de una infraestructura recién construida.



















